¿Cómo la economía impacta en nuestra vida cotidiana?

Publicada en Publicada en agenda cultural y deporte, derecho a la comunicación, noticia del dia, opinion, regionales, Sin categoría

13 Noviembre, 2018

REGIONALES

Opinión

¿Cómo la economía impacta en nuestra vida cotidiana?

Por Pablo Fernández*

La Economía no es una ciencia exacta como la matemática, y por lo tanto jamás podríamos considerarla como algo neutral, tal como engañosamente nos la quieren presentar. La economía siempre es una Ciencia social, y fundamentalmente es política. Los conceptos de Economía y Política permanentemente caminan juntos o van de la mano a la hora de analizar y comprender los diferentes procesos históricos-sociales.

Justamente en 1958 se crea en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA) la carrera de Licenciatura en Economía Política, y no es casualidad que cuando se produce el golpe Cívico-militar de 1976, se elimina la palabra política y pasa a denominarse solamente, Licenciatura en Economía.

Todos sabemos que hasta mediados de la década de 1940 nuestro país estuvo sometido a los intereses del imperialismo inglés que había transformado a la Argentina en una simple y pobre provincia agraria al servicio de la corona británica. Y con más claridad, debemos recordar que a partir de los sucesivos y posteriores golpes militares que derribaron a los gobiernos constitucionales en 1955, 1962, 1966 y 1976, fue el imperialismo norteamericano que en nuestro país (y en toda Latinoamérica) de la mano de las élites oligárquicas impuso políticas económicas conservadores y gobiernos para unos pocos o de “ricos para ricos”  (como se dice ahora).

Por eso no fue casualidad que nombres como los de Adalbert Krieger Vasen, Alvaro Alzogaray, José Alfredo Martínez de Hoz o Domingo Felipe Cavallo estuvieran al frente como Ministros de Economía para imponer criterios que perversamente planteaban la consigna de que “achicar el Estado es la forma de agrandar la nación”, permitiendo de ese modo que el Estado Nacional estuviera al servicio de intereses minoritarios y poderosos, cuando en realidad el Estado siempre debería equilibrar, con sus regulaciones, las permanentes asimetrías o desigualdades que se reflejan en el seno de nuestra sociedad. Las referidas políticas económicas neoliberales siempre han planteado la necesidad de que exista un “estado bobo o ausente”, cuando en realidad ponían al citado Estado al servicio de sus intereses mezquinos.

Alguna vez, un profesor en la facultad nos lo explicaba con un ejemplo bien concreto y didáctico: “es imposible que en una misma pileta convivan los tiburones con las mojarritas, porque ya sabemos anticipadamente cual es el final de tal experiencia”. Alguien (en nuestro caso el Estado) debe arbitrar o llevar adelante las regulaciones para evitar que los poderosos condenen a la desaparición de los más débiles.

La inflación como problema y cómo actúan los monopolios y oligopolios alimentarios

La palabra monopolio nos viene del griego y es la suma de monos=uno solo más polein=vender, es decir cuando se da la circunstancia de que uno sólo es el encargado de producir para su exclusivo aprovechamiento lo referido a determinada actividad industrial o comercial. Porque no es cierto que con la inflación pierden todos. Los grandes empresarios ganan escandalosamente, mientras los que pierden son fundamentalmente los asalariados de ingresos fijos que cotidianamente ven achicada la capacidad de compra de sus sueldos.

Últimamente el ejemplo más categórico es el precio de las naftas o combustibles en general: baja el precio internacional del petróleo  y baja el valor del dólar pero sube el precio en las estaciones de servicio, lo cual verifica que las petroleras siguen aumentado sus ganancias, con el agravante de que las consignadas o mencionadas subas en los combustibles funcionan como una polea de transmisión que eleva los precios de toda la economía doméstica como consecuencia del aumento de los transportes de carga y distribución.

Trasladado nuestro análisis a lo que sucede con los monopolios vinculados a las cadena alimentarias de nuestra mesa familiar, hoy intentaremos ejemplificar con un caso concreto y es el del GRUPO ARCOR.

GRUPO ARCOR

Empresa Cordobesa de capitales inicialmente nacionales. En la actualidad, ARCOR es una empresa claramente multinacional que se especializa en la producción y elaboración de golosinas, chocolates, galletitas, helados y alimentos en general. Es el primer productor mundial de caramelos y el principal exportador de golosinas de Argentina, Brasil, Chile y Perú. A través de una de sus tantas empresas como BAGLEY LATINOAMÉRICA,  es la mayor productora de galletas de América del Sur. Es líder en varios segmentos del mercado y tiene una clara posición dominante en la venta de aceites, flanes, gelatinas, bebidas de jugo, bizcochuelos, conservas vegetales y de frutas, polentas, mermeladas, postres, dulces, tomates y salsas.

Las mayores rentabilidades o ganancias de una empresa se pueden producir por una mayor eficiencia productiva, por reducción de costos o por un crecimiento en los volúmenes elaborados. Sin embargo, en el caso de ARCOR vemos claramente que las mayores ganancias están determinadas por un incremento claro en los precios, muy por encima de sus costos.

Esta afirmación está absolutamente demostrada a través de los propios balances anuales de ARCOR. A ello hay que sumarle que en este tipo de ejemplos no existe ningún proceso de control de precios por parte de la Secretaría de Comercio correspondiente. Y volvemos al inicio de nuestra columna: Si no aparece la figura controladora del Estado, los procesos inflacionarios traducidos en aumentos indiscriminados de los precios de los comestibles son indetenibles O como nos decía ejemplificadoramente aquel profesor de la universidad: Si el Estado no aparece, los tiburones rápidamente los terminan comiéndose a las mojarritas.

*Poeta de la Unión. Dicha columna fue emitida el sábado 10 de noviembre en el programa radial “Cuando el río suena”, FM Municipal 88.9 Alpa Corral.