Defensa de nuestros bienes comunes

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17,  Agosto 2018

OPINIÓN

NACIONAL

Defensa de nuestros bienes comunes

La megaminería contaminante a cielo abierto; el monocultivo de soja transgénica; la producción de bioetanol para destinar el maíz a la fabricación de combustible antes que utilizarlo como alimento para saciar a los hambrientos, y la captura del ahorro nacional por parte de la banca internacional, son algunas de las manifestaciones que caracterizan a una democracia de baja intensidad.

La renta petrolera, financiera, ictícola, minera y agraria en manos de los grandes grupos concentrados. La soberanía ausente. El Estado bobo. Los peces grandes devorando a los más chicos. La irracionalidad del capitalismo rigiendo la lógica de la política dominante.

De las 500 empresas más grandes del país, 324 son extranjeras y sólo 176 son argentinas. Desde diciembre de 1983 los distintos gobiernos democráticos han emparchado la estructura política, económica y social cuidándose muy bien de mantener inalterable la matriz de acumulación económica que genera los actuales estándares de desigualdad social.

Esta democracia raquítica también se caracteriza por la crisis de representación política que se expresa con el pueblo en la calle y las rutas para hacer oír su voz, mientras los gobernantes, la Justicia y las fuerzas de seguridad actúan como gerentes de las corporaciones transnacionales que devastan nuestras riquezas naturales, violan los derechos de ciudadanía y criminalizan la protesta social.

Vale la pena recuperar las nociones básicas de soberanía ahora que asistimos a diversas expresiones de la larga resistencia que nuestra sociedad viene sosteniendo contra el modelo de minería transnacional a gran escala.

Es tiempo de pensar y construir colectivamente otro paradigma, que promueva una democracia con plena participación y protagonismo popular, que en lugar de asentarse en la codicia y la explotación del hombre por el hombre, represente el afán de un nuevo humanismo que rescate los valores del buen vivir.