Dos equipos, una gira y lo inexplicable

Publicada en Publicada en agenda cultural y deporte, locales, noticia destacada 1

11 Junio, 2019

CRÓNICA DE UNA GIRA MALDITA

Dos equipos, una gira y lo inexplicable

Comienzos del 76, el mejor fútbol cordobés de todos los tiempos y el espíritu libre de Temperley unidos en un hecho que visto hoy parece increíble.

Por Javier Albarracín

Decir enero de 1976 para la memoria de los argentinos es pensar en la difícil situación económico-social que se vivía, todavía estaban los recuerdos del Rodrigazo (julio del 75) y del avecinamiento de la noche más oscura que comenzaría a partir de Marzo de ese 1976.

El planeta fútbol vivía el bicampeonato de River, tras 18 largos años sin títulos logrado en el 75, y ese 76 seria del bicampeonato del propio Boca, ganando el Metro y el Nacional (aquí la famosa final contra River en cancha de Racing). En Europa dominaban el Bayern Munich y la selección alemana, y por aquí Vilas y Monzon estaban en el auge de sus carreras. Ese mismo 1976 seria el año del asesinato de Ringo Bonavena.

Zaire, actual República Democrática del Congo, vivía los tiempos del dictador Mobutu, quien gobernaría hasta 1997, los mismos africanos, en materia deportiva, habían jugado el Mundial de Alemania 1974, con un claro desconocimiento del reglamento del fútbol y en ese mismo año, en Kinsasha, su capital, Mohammed Ali y George Foreman se brindaron en una pelea para todos los tiempos.

En el plano futbolístico varios equipos eran una grata sensación, un aire fresco para nuestro fútbol, no solo por su calidad y caudal sino porque venían a romper la hegemonía de los denominados grandes, pensemos que hasta el Metropolitano 1967 cuando gana Estudiantes de La Plata, los campeones siempre habían sido los ¨Grandes¨ del fútbol argentino. Primero con el Pincha, después con Rosario Central en el Nacional 1971, el Huracán de Menotti en el Metro 73 y Newells en el Metro 1974. En esos tiempos, Talleres de Córdoba dominaba la siempre difícil Liga Cordobesa y su salto al fútbol grande fue a toda orquesta con equipos memorables comenzando en el Nacional 69 y tras las ausencias en el 71, 72 y 73 volvería en grande en 1974 ganando primero la Liga Cordobesa, en la final contra Belgrano con el inmortal gol de Daniel Willington y la dirección técnica de Ángel Labruna. Para 1975 esa buena estructura tuvo algunos agregados de valía, Labruna se marcho a River para consagrarlo tras 18 años y el DT fue otra gloria millonaria como Adolfo Pedernera. En resumidas cuentas el Nacional 75 en su Zona D tuvo como primeros al propio Talleres y a nuestro otro protagonista Temperley, clásico equipo de la zona sur del gran Buenos Aires. Ese buen fútbol, de lirismo típico de escuela cordobesa y del paladar del hincha albiazul, sumado al entusiasmo del jovial Temperley, llamo la atención de organizadores y afines para ser invitados a participar de una gira en Zaire en Enero del año siguiente.

Hasta ese momento la relación entre el fútbol argentino y el africano era prácticamente nula, Camerún y Nigeria no se nos habían presentado como verdaderos rivales ni mucho menos pensar que uno de ellos le ganaría a la Argentina un debut mundialista (Camerún en 1990) ni nos quitaran un oro olímpico (Nigeria en Atlanta 96). Los planteles matadores y gasoleros viajaron juntos en un viaje que tuvo escalas en Rio de Janeiro, Madrid para llegar finalmente a Kinsasha. Previo al viaje la delegación se vacunó contra el tifus, la fiebre amarilla y la viruela, con la omisión del paludismo, (que se provoca por la picadura del mosquito que transmite la enfermedad).

Oscar Jorge Suarez tenía 23 años (Abril del 52), había nacido en San Juan y residía junto a su familia en un modesto hogar en Quilmes. Delantero de profesión, cuota de sacrificio y gol eran su carta de presentación. Las pocas oportunidades en Estudiantes de La Plata lo hicieron vestir la camiseta de Temperley y para finales de 1975 su ficha indicaba 16 partidos y 8 goles, mucho futuro y la lógica admiración de un equipo que había tenido su primera experiencia en primera división.

Volviendo a lo deportivo, para Temperley la gira arrojo en cuatro partidos, tres derrotas y un empate, mientras que para Talleres, de otro vuelo futbolístico el saldo fue de cuatro victorias sobre la misma cantidad de partidos, con el dato sobresaliente de que Luis ¨Hacha¨ Ludueña (quien en 1983 jugara para Estudiantes de Rio Cuarto) de gran torneo, fue apodado por el periódico local ¨La voix du Zaire¨ como el Dios del fútbol… rezaba el matutino que después de la visita del Santos de Pele, nunca habían vuelto a ver tan buen fútbol como el protagonizado por Ludueña.

El regreso fue más maratónico que el viaje de ida, las escalas fueron Johannesburgo, Río de Janeiro, San Pablo, Porto Alegre para llegar a Ezeiza el 6 de febrero de 1976. Ahí mismo seria el comienzo de la pesadilla para varios de los integrantes de ambas delegaciones. Quienes presentaron los primeros síntomas fueron los cordobeses Miguel Ángel Oviedo (campeón en Argentina 1978) y el utilero de Talleres Adán Onoren. De inmediato fueron hospitalizados por paludismo y tras recuperarse fueron dados de alta. En el mundo gasolero quien despertó las primeras alertas fue el delantero mendocino Benito Valencia quien pudo recuperarse previo tratamiento. Mientras tanto Oscar Suárez tenia los mismos síntomas, pero entre negligencia y desidia su cuadro empeoró, en su domicilio, en Quilmes, lejos de una habitación de hospital donde pudiera ser debidamente tratado. Diagnósticos equivocados mediante, se creía en una hepatitis virósica, se aproximaba el inicio del Metro 76 para el 16 de febrero y el propio Suárez ausencia mediante, comenzaba una agonía de la cual no iba a poder salir. Hasta el miércoles 18 ya con el campeonato empezado el propio jugador estaba consciente e internado en el hospital Gandulfo, mientras el paludismo, rápida y silenciosamente avanzaba hacia una escalada mortal. Crease o no, la tarde siguiente del jueves 19 de febrero de 1976 tras una decaída asombrosa el delantero perdía la vida, quizá la muerte más absurda de la historia de nuestro fútbol, salida de un cuento de terror.

El éxito y el destino le fueron esquivos a Suárez, apenas 23 años, una vida de carencias, de auspicio por el fútbol y su carrera, pero el punto y aparte se dio de una manera tan trágica, como inverosímil.

A la distancia parece realmente increíble toda la historia, desde el viaje hacia un destino tan ignoto como peligroso hasta este destino final por nadie pretendido. Historias tristes y absurdas de nuestro fútbol, mala pasada de un destino que con Temperley siempre fue algo siniestro, años atrás en 1970 en un accidente de colectivos un par de futbolistas habían perdido la vida en Ruta 2 yendo también a disputar un compromiso.

Talleres y Temperley, el matador y el gasolero, historia en común y tragedia compartida.