Ejercitando la memoria

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24 de Marzo, 2019

Ejercitando la memoria

Juan Carlos Giuliani, más conocido como “Pipón”, estuvo detenido durante la última dictadura cívico-militar-eclesiástica por casi ocho años. “Pipón” y sus dos hermanos –uno mellizo- estuvieron presos por defender ideales de dignidad y esperanzas para los que menos tienen.

Por Julia Giuliani

De las entrevistas más difíciles siempre algo se aprende, y es que entrevistar a mi viejo para este número de marzo de RETRUCO donde hacemos un ejercicio intensivo de la memoria, la identidad y la justicia me hizo comprender que no hay tiempos ni edades para seguir construyendo en la mirada del otro, de la otra, a seguir apostando a salidas colectivas que dignifiquen.

“Soy Juan Carlos Giuliani, estoy jubilado lo cual no significa que esté pasivo, nunca entendí demasiado lo que significa decir “clase pasiva” al jubilado. Me siento con mucha energía, con muchas ganas de seguir trabajando en lo que es lo mío, el periodismo y además militando en los distintos espacios en los que siempre lo hago, fundamentalmente en la CTA o políticamente dentro de lo que es Unidad Popular, pero siempre apostando a generar, crear, contribuir, a la formación de una alternativa política que nos permita terminar con este gobierno que tanto daño les hace a los trabajadores y al conjunto del pueblo”, comienza relatando “Pipón” Giuliani.

“Pipón” comenzó su militancia cuando fue a estudiar a Córdoba allá por el ’69. Llegó a “La Docta” en el mes de febrero. “En mayo estalla el ‘Cordobazo’, por supuesto no participé, yo recién llegaba y en Río Cuarto mi adolescencia había pasado entre el deporte, el colegio, a pesar que nací en una familia de cuna peronista, y por lo tanto, la discusión política, la información estaba siempre sobre la mesa. Es más, nosotros llegamos a Río Cuarto desde Bulnes donde mi viejo era médico. Fue pocos meses antes de la ‘Revolución Fusiladora’. Pisamos tierra riocuartense el 20 de junio del ’55 pocos meses antes del Golpe de Estado de la ‘Revolución Fusiladora’ que en Río Cuarto y en Córdoba en general tuvo muchos adeptos, sobre todo dentro de los radicales que después perseguían con mucha saña a quienes habían apoyado al gobierno peronista”, relata Pipón.

Recordó que “cuando nos vamos a estudiar abogacía en Córdoba, después en el ’70 tengo una militancia muy periférica entre los años 70 al 72 dentro de la universidad, pero en octubre del ’72 retorno a Río Cuarto por razones particulares y allí se hace mi militancia más fuerte en el territorio, dentro de la Juventud Peronista Regional Tercera. Allí militábamos con compañeros, fundamentalmente tras la consigna “LUCHA Y VUELVE”.

Sostuvo que en esos años “estábamos en los prolegómenos de las elecciones de 1973 que significó el Argentinazo en las urnas del 11 de marzo, terminar con la dictadura de Lanusse, cuando Cámpora y Solano Lima fueron electos presidente y vice de la Nación, lo cual fue una experiencia muy fugaz porque terminó a los cuarenta y pico días, pero que vivimos una primavera política de la que nunca nos vamos a olvidar, porque significó también la libertad de los presos políticos a través de decisiones de gobierno de Cámpora. Vaciar las cárceles de militantes que habían estado durante la época de la dictadura y que habíamos padecido lo que había sido el 22 de agosto de 1972 con la Masacre de Trelew”, señala.

En el sillón de su casa, su lugar de lectura y redacción, remarca que su militancia a fines del ’72 principios del ’73 tenía que ver con lo territorial, la primer unidad básica que estuvo en el pasaje Los Ponchos en el barrio San José de Calasanz para luego tener en la unidad básica 22 de Agosto en el barrio Fénix y por supuesto involucrándose en la campaña electoral.

“Fue una etapa de mucha movilización, de mucha actividad y me permitió forjar una amistad con muchas compañeras y muchos compañeros; la militancia en los ’70  estaba naturalizada, quien no militara en esa época era mirado como sapo de otro pozo, recordemos que había pasado el Mayo francés, había pasado la Revolución cubana que tenía mucha incidencia en nuestro imaginario, estaba la experiencia de Camilo Torres en Colombia y después la lectura. Nosotros habíamos tenido un formación en muchos casos de autodidacta pero orientados por los compañeros más viejos o más formados que nos guiaban en la lectura de libros que estaban vinculados con el revisionismo histórico, leerlo a Ugarte a Scalabrini Ortiz, Jauretche, a Hernández Arregui, pensadores de una talla muy importante que ligaban mucho lo que era la conciencia de clase con la conciencia nacional y entendíamos en ese entonces al peronismo como un Movimiento de Liberación Nacional”, relata con pasión Giuliani mientras hace memoria trayendo al presente esos años de gloriosa juventud.

De familia peronista, no olvida las buenas épocas del radicalismo quien fue el partido que permitió que las clases medias, urbanas y rurales hicieran su irrupción en el terreno político institucional, pero subrayando que el peronismo había logrado que la clase obrera tuviera una visibilidad y una participación que no había tenido hasta entonces.

“En aquellos años la militancia juvenil era muy alegre, muy participativa, había peñas, guitarreadas, el folclore, el tango, lo que fuera, el rock naciente que había por ese entonces también ayudaba a ir coagulando una relación que iba más allá, la militancia era muy fraterna, había sectores que provenían de agrupaciones de base de la iglesia, otros de los sectores universitarios, de los territoriales”, describe y agrega: “También es importante marcar que en ese entonces la mujer, las compañeras tenían naturalizado su puesto de militancia codo a codo con el compañero, allí no había reclamos de feminismo como lo existe hoy. Las compañeras tenían el mismo o mayor grado de responsabilidad en los distintos frentes de militancia, e incluso en las propias organizaciones armadas, me parece que ese es un dato muy importante a rescatar”, expresa “Pipón”. 

La cárcel: Persistencia y resistencia

Entrando ya en el terreno de esos años de detención, Giuliani comenta: “Fui detenido el 13 de julio de 1975 con uno de mis hermanos, con Héctor Lucio. Todavía gobernaba Isabel con López Rega, había muerto Perón. Era un gobierno que claramente había pactado con la oligarquía y que estaba manejado por el lopezregismo que era una versión facistoide de alguien que después se comprobó que era agente de la CIA. Acá en Córdoba se llamaba Comando Libertadores de América, asesinando militantes populares y que luego se incorporarían sin transición a los grupos de tarea de las Fuerzas Armadas”.

Cuando le pregunto qué fue la cárcel para él, no lo duda: “La cárcel ha sido para mí una escuela de militancia, por supuesto que no se la recomiendo a nadie, pero en primer lugar, me reafirmó en mis convicciones, en mis principios, si tenía algunas dudas me reafirmó en la necesidad de combatir en todos los frentes contra la injusticia social, contra la entrega de soberanía, contra la desigualdad, por una nación liberada, por un proyecto de emancipación. En segundo lugar, me ayudó a cultivarme, a autoformarme, con compañeros que me dieron orientaciones en cuanto a la lectura, ensayos o lo poco que pudiéramos leer vinculado a lo político a lo sociológico, lo filosófico, como así también en materia de literatura. Recuerdo la literatura norteamericana de las primeras décadas de siglo XX, la literatura latinoamericana con todo el boom que significó allá por los ’60-’70, y además una disciplina… La disciplina de saber que tenías que estar siempre alerta para que el enemigo no te sorprenda, no te castigue”, suelta con emoción.

Después salí, volví a mi actividad después de varios avatares, volví a la prensa, fui cofundador del Circulo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba. Durante once años me desempeñé como Secretario General, también he sido Secretario General de la CTA de la provincia de Córdoba, he tenido cargo hasta el año pasado en la CTA-A nivel nacional, he escrito un montón de artículos y publiqué dos libros. Cuando me dicen si soy un ex preso político les digo que no, porque para mí no es una categoría, no es una entidad, no presta identidad decir ser ex preso político porque fuimos presos políticos hace más de 40 años, después salimos y algunos se quedaron en sus casas, otros fueron absorbidos por el sistema, muchos se metieron con el menemismo, antes con Alfonsín. Otros se dedicaron a hacer negocios, y algunos, varios, muchos, seguimos militando en distintos espacios, en distintas situaciones, por lo tanto, no somos lo mismo. Cada uno tiene su recorrido, yo soy dirigente sindical, no ex preso político.

Estar en la retaguardia, ser conscientes de eso, de que el enemigo buscaba destruir a toda una generación que pensaba, construía y creía en un país digno de ser vivido por todxs y no por unos pocos. “Buscaban nuestra destrucción física y psíquica, y por lo tanto teníamos que evitar que eso ocurriera a través de la actividad física que muchas veces era clandestina porque no nos dejaban hacer ejercicio y a través de la actividad del pensamiento, de hablar, contarnos películas, contarnos novelas, algunos hacían hasta partidos de ajedrez imaginarios, tener siempre la cabeza puesta en algún pensamiento para evitar la destrucción psíquica que era lo que buscaban los guardia-cárceles, en este caso como mano ejecutora de la represión”, expresa Giuliani.

Familia militante

“Nosotros éramos un caso medio raro porque cuando ya estamos en Rawson, no era un caso muy típico que hubiera tres hermanos detenidos en un mismo lugar. Estuvimos bastante tiempo separados, eso significaba para mis padres tener que viajar a La Plata a ver a uno, a Sierra Chica a vernos a Héctor y a mí. En el caso particular yo ya tenía mi compañera Celia, ya había nacido mi hijo más grande Federico, lo cual ayudó mucho que ellos se comprometieran a visitarme en cada cárcel que estuve. En la cárcel de Río Cuarto estuve desde la detención del 75 hasta el 76. Creo que fue en septiembre del 76 un pasaje rápido por la Unidad Penitenciaria N° 1 de Córdoba, y allí nos suben a un avión Hércules y nos trasladan a los golpes hasta Sierra Chica donde nos reciben a los golpes, y allí estoy hasta el año 79 donde después nos llevan a Rawson. Allí voy a estar bastante tiempo hasta el 81 que habíamos presentado un Recurso de Amparo por la situación en la que nos encontrábamos, la habíamos llamado “Operativo Gorrión”. La cual la habíamos hecho todos los presos peronistas ligados a Montoneros, y en ese caso nos llevaron a mí con mis hermanos a Buenos Aires a declarar ante un juez que, por supuesto no le dio mucha bolilla al tema, pero nos trasladan a la cárcel de Caseros que era para la dictadura un ejemplo de la tecnología carcelaria a exportar, decía Martínez de Hoz. Puro cemento y vidrio, no se veía el sol.

“Allí estuve un tiempo porque justo nos agarró la Guerra de Malvinas por lo tanto recién en el mes de junio, fue liberado uno de mis hermanos. Y nosotros en julio/agosto nos trasladaron a Héctor Lucio y a mí de vuelta hacia Rawson donde salí en libertad el 22 de noviembre de 1982”, cuenta “Pipón” que nos atrapa con su historia.

Ya reflexionando sobre el final, el mensaje siempre es esperanzador, si bien “Pipón” se caracteriza por ser coherente en sus ideas y posturas, muchas veces testarudo, es un tipo sensible que no se doblegó ante años de encierro y torturas. “A mi hijo lo pude tocar, abrazar y besar recién para un día del padre cuando él ya tenía seis años…imagínate, ese momento. La cárcel me hizo tomar conciencia de la importancia de lo colectivo. Ahí funcionábamos por ranchada, en donde todos aportábamos, tuviéramos o no tuviéramos, libros, información de afuera, alimentos que nos permitieran entrar. Lo peor que te puede pasar en una situación límite como esa es ser personalista, o individualista porque llevaban todas las de perder. Por lo tanto, yo creo que forjó mucho mi espíritu. El tema de la cárcel por supuesto me hizo encallecerme, endurecerme hacia fuera, uno tenía que evitar que el enemigo descubriera si estabas preocupado o no porque había llegado o no una carta de tu señora para tener noticias. Teníamos que cubrirnos de una pátina de indiferencia, para que no supieran cuales eran nuestras sensaciones nuestras emociones y eso con el tiempo me ha impedido ser más extrovertido, más dado. Reconozco que eso, por un lado, me cubrió durante la etapa de estar detenido, pero también es cierto que me ha hecho más reservado, por ahí puede parecer hosco, aunque yo soy un tipo más bien tímido”, reflexiona Juan Carlos.