El mejor equipo en destruir el empleo

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22, Marzo de 2019

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El mejor equipo en destruir el empleo

Durante su campaña presidencial Mauricio Macri prometió generar un millón y medio de empleos y transformar los planes sociales en fuentes laborales, pero las políticas económicas y sociales implementadas por “el mejor equipo de los últimos 50 años” lo único que ha logrado es destruir el empleo y aumentar la precarización laboral.

En el cuarto trimestre del 2018, el índice de desocupación alcanzó al 9,1 % casi dos puntos arriba del 7,2% de igual período del 2017, según el informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). En Río Cuarto, el nivel de desempleo pasó del 5,7% al 8,1%.  Esto implica que hay 4 mil ocupados menos y 2 mil desempleados más.

A fines de 2017 el Gran Río Cuarto tenía 80 mil ocupados, mientras que a fines de 2018 se registraron 76 mil. De la comparación del tercer cuatrimestre de 2017 con igual período de 2018, los desocupados pasaron de 5 mil a 7 mil.

A nivel país, la desocupación urbana alcanzó en el último trimestre de 2018 al 9,1 por ciento de la población económicamente activa, lo cual representa un aumento de casi dos puntos con respecto al 7,2 por ciento registrado por el Indec en el mismo período del año anterior. Esto significa que un millón 185 mil personas se encuentran desempleadas y en busca de trabajo, de un total de casi 13 millones que representan la población activa. Durante el año pasado se sumaron 260 mil desocupados.

Lejos de aquellas promesas de campaña en donde Mauricio Macri aseguraba que iba a ponerle fin a los planes sociales para generar empleo y avanzar hacia la “pobreza cero”, los indicadores marcan que las políticas llevadas a cabo por el Gobierno nacional van camino a destruir el aparato productivo.

El aumento en la tasa de desempleo se dio en un escenario de retroceso del 2,5% del Producto Bruto Interno durante el 2018, consecuencia de la fuerte devaluación del peso, la sequía que afectó al sector agrícola, en un contexto de altas tasas de interés con imposibilidad de acceder al crédito, alta presión impositiva, caída del salario, pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores, derrumbe de financiamiento externo y la merma de la producción industrial, la construcción, y el consumo.

En esta línea, la mayoría de los economistas coinciden en que esa corrida cambiaria, la fuerte devaluación y la brusca caída en la actividad económica afectaron fuertemente el mercado laboral durante el año pasado y potenciaron una suba en el índice del desempleo.

Además del aumento en la desocupación, el empleo formal cayó 1,5% durante el año pasado, unos 191.300 puestos, según los datos relevados por el Ministerio de Producción y Trabajo en base al Sistema Integrado de Previsión Argentino (SIPA).

También aumentó la precariedad laboral, es decir aquellas personas que hacen changas o trabajos de baja calidad, ya que la tasa de subocupación pasó de 10,2 al 12%, lo que significó un crecimiento de 330.000 personas en esa situación.

Si se suman los subocupados –aquellas personas que hacen changas y trabajos esporádicos-, que son cerca de 2,3 millones, en la Argentina hay 4 millones de habitantes con dificultades para acceder a un empleo digno.

El Frente Barrial CTA, la Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo (CNCT) y el Frente por el Trabajo y la Dignidad Milagro Sala, criticaron fuertemente al Gobierno nacional: “Está desmantelando el programa Argentina Trabaja para arrebatarle a los beneficiarios la dignidad de participar en polos productivos, talleres y obras sociocomunitarias. Están desmantelando el programa Ellas Hacen por la profunda misoginia que los empuja a pensar que la violencia de género no tiene nada que ver con la exclusión económica y laboral que revictimiza a nuestras compañeras”, indicaron los movimientos obreros y populares.

Ante un modelo económico que prioriza la timba financiera, con tasas de interés usureras y destruye el consumo interno, cuesta pensar que con este camino la gente encuentre nuevas oportunidades de acceder al trabajo. Será difícil que los grupos inversores y los capitales apuesten al desarrollo productivo cuando la renta financiera les asegura ganancias millonarias.

Foto: La Nueva Mañana