Jubileo

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28, Julio 2018

Jubileo

Redacción RETRUCO.- Conmueve la sabia rebeldía de los nadies. Conmueve la lucha de nuestros viejos reclamando por tanta injusticia. Un reclamo urgente, porque no les sobra hilo en el carretel. Repiten hasta la afonía el rito de levantar la bandera de la dignidad. Un ejemplo frente a tanta claudicación dando vueltas. Una bofetada en el rostro de los campeones del posibilismo y la resignación.

Su lucha indoblegable logró varias reivindicaciones. Gracias a los que no bajaron nunca los brazos, a los que alzaron su voz cuando sólo campeaba el silencio, a los que se animaron a reunir un millón de firmas en defensa del Sistema Estatal de Reparto para todos los argentinos

y a los que resisten sin dar tregua, se pudo reestatizar el sistema jubilatorio derogando la figura de las nefastas Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión (AFJP).

La sanción de esa normativa demostró, una vez más, que es mentira que no se pueda cambiar el actual estado de cosas. Como quedó al descubierto cuando el Congreso de la Nación aprobó en octubre del año 2010 la ley que garantizaba el 82 por ciento móvil para la jubilación mínima, vetada, con la velocidad de un rayo, por la entonces Presidenta Cristina Fernández con el argumento de que era una “ley de quiebra del Estado”.

En el camino de recuperación de fuerza propia organizada, será mucho más factible dar la pelea de fondo para que, como reza la Constitución Nacional, la Seguridad Social sea un derecho humano fundamental, organizada y garantizada por el Estado.

Fundamentalmente, teniendo en cuenta que en la actualidad el Sistema Estatal de Reparto vuelve a ser

puesto en tela de juicio por los gurúes del Gobierno que avanzan en el desguace de ANSES y en una Reforma Previsional que viene a recortar derechos y garantías.

Jubileo, júbilo, jubilación. La pelea por los derechos humanos de los jubilados se reproduce hasta que se pueda ganar alguna vez el momento del reposo, de la paz, de la armonía.

Ya llegará la hora de la reivindicación plena para recuperar en tiempo presente la melancolía de los viejos y buenos tiempos.

Como era antes, hace más de cuarenta años. Cuando el Estado de Bienestar no había sido sacrificado en el altar del neoliberalismo.