Julian Assange y Wikileaks: Periodismo, tecnología y poder

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18, Diciembre 2020

Julian Assange y Wikileaks: Periodismo, tecnología y poder

Preso en Londres, el programador, periodista y hacker australiano espera la inminente extradición a un país que lo considera “terrorista”. La experiencia que revolucionó la comunicación periodística y sacudió el tablero político mundial, bajo la mirada de dos especialistas.

Dentro de veinte días terminará una espera de más de diez años. El 4 de enero de 2021 se conocerá el fallo de la jueza británica Vanessa Baraitser, quien debe dictaminar si autoriza o no la extradición de Julian Assange a Estados Unidos, donde está acusado por 18 delitos de espionaje e intrusión informática, que contemplan penas de hasta 175 años de cárcel. Incluso, existe la posibilidad de que sea condenado a muerte.

El programador, hacker, periodista y editor australiano es el creador de Wikileaks, la plataforma digital global que publica documentos reservados de gobiernos, empresas e iglesias, y reveló los secretos más ocultos de la política exterior estadounidense. Por eso lo acusan de conspirar en 2010 con el exsoldado y analista de inteligencia del ejército norteamericano Bradley Manning (hoy Chelsea Manning), quien le habría entregado 700.000 documentos clasificados, y con otros hackers entre 2007 y 2015 para obtener y publicar información secreta.

Una de las filtraciones que se atribuyen a Manning es lo que Wikileaks publicó el 3 de abril de 2010 con el título “Daño colateral”: un registro audiovisual tomado el 12 de julio de 2007 desde un helicóptero militar estadounidense, cuando dispara contra un grupo de civiles en Irak, causando una decena de víctimas, entre ellas el fotógrafo de Reuters Namir Noor-Eldeen y su conductor Saeed Chmagh. Por “espionaje y resistencia a la autoridad”, la ex soldado fue condenada el 21 de agosto de 2013 a 35 años de cárcel y expulsada “con deshonor” del ejército estadounidense.

Daño colateral, publicado por Wikileaks el 3 de abril de 2010

Hoy Assange languidece en la cárcel de máxima seguridad de Belmarsh. “Julian ha sufrido diez años de tortura psicológica. No me gusta entrar en detalles, porque me afecta, pero ese sufrimiento afecta negativamente su salud física y mental”, declaró John Shipton, su padre. Lo mismo señaló el enviado especial de la ONU sobre tortura, Nils Melzer, tras visitarlo en la cárcel en febrero de 2019. A principios de este año, un grupo de más de cien médicos alertó en una carta pública que si Assange fallece en la cárcel “habrá sido, efectivamente, torturado hasta la muerte”.

La privación de su libertad comenzó en diciembre de 2010, cuando fue detenido en Londres, acusado por la Justicia de Suecia por los delitos de violación, abuso y coacción, cometidos presuntamente a mediados de ese año, contra dos mujeres –una de ellas menor de edad–, con quienes él asegura mantuvo “relaciones sexuales consensuadas”. Luego se le concedió el arresto domiciliario en la ciudad de Norfolk, hasta que el 19 de junio de 2012 se refugió en la embajada de Ecuador en Londres, en condición de asilado político del gobierno del entonces presidente Rafael Correa.

El fundamento del asilo fue: “El señor Assange compartió con el público global información documental privilegiada que fue generada por diversas fuentes, y que afectó a funcionarios, países y organizaciones internacionales”, por lo que existen “serios indicios de retaliación” por parte de los afectados, represalia que “puede poner en riesgo su seguridad, integridad, e incluso su vida”.

Allí permaneció durante casi siete años, mientras en 2017 la causa sueca se archivaba, por las dificultades para avanzar en la investigación con el acusado confinado en un país extranjero. Sin embargo, el presidente de Ecuador Lenin Moreno le canceló el asilo y el 11 de abril de 2019 fue detenido por las autoridades británicas dentro de la misma embajada. Un mes después, la causa en Suecia fue reabierta pero luego se volvería a cerrar al aparecer un demandante más poderoso.

El 11 de junio de ese año, el Departamento de Justicia de Estados Unidos reclamó la extradición, aprobada dos días después por el Ministerio del Interior del Reino Unido. Por más que es norma británica no conceder extradiciones a países con pena de muerte, Baltasar Garzón, el ex juez español y defensor de Assange, descree que en su caso se mantenga el compromiso. El riesgo radica en que Estados Unidos considera a WikiLeaks una “organización terrorista” y parte de su clase política llegó a reclamar el “asesinato extrajudicial” de su creador.

Protestas en Londres para evitar la extradición de Julian Assange a Estados Unidos
Foto Tolga Akmen / AFP

El 29 de enero de este año, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa consideró que la persecución penal a Assange es “un peligroso precedente para los periodistas” y exhortó a los Estados Miembros –entre ellos, el Reino Unido– a que se opongan a la extradición del australiano, quien “debe ser liberado de inmediato”. Sin embargo, la Justicia inglesa avanzó con el juicio, que tendrá su desenlace en pocos días.

En una de las respuestas de la entrevista que dio origen a su libro Cuando Google encontró a Wikileaks (Capital Intelectual, 2014) –escrito allí donde Correa lo protegió y Moreno lo entregó–, Assange expone el objetivo periodístico, tecnológico y cultural de su plataforma: “Se trata de cómo encajan estos procesos periodísticos en algo que es mucho mayor, y esto es que como seres humanos dirigimos y creamos nuestra historia intelectual como civilización. Y es esta historia intelectual la que podemos utilizar para hacer cosas, y para evitar volver a hacer cosas estúpidas, pues alguien ya las hizo primero y escribieron su experiencia, por lo que ya no necesitamos volver a hacerlas. Hay varios procesos diferentes que están creando ese archivo, y otros más que están intentando evitar que la gente añada cosas a ese archivo. Todos vivimos de y en ese archivo intelectual. Lo que queremos hacer (como Wikileaks) es meternos lo más posible en ese archivo, hacer todo lo posible para evitar ser eliminados de ese archivo, y lograr que el archivo sea lo más visible posible”.

Alexis Oliva

Dos miradas sobre Julian Assange y Wikileaks

Portal Qué Contenidos invitó a dos especialistas para analizar a Wikileaks y la figura de Julián Assange, en relación a los aspectos tecnológicos, comunicacionales y políticos de la experiencia.

Descentralizar para evitar persecuciones

Por Valentín Basel *

La idea del leaks (término anglosajón que hace referencia a fuga o goteo) como persona que filtra datos privados de instituciones, empresas u organismos estatales, es tan antiguo como el periodismo. Sin embargo, la innovación que planteó en su momento wikileaks es la capacidad de centralizar grandes volúmenes de información filtrada en un sistema, que irónicamente, se basa en ser descentralizado a la hora de almacenar esa información.

Las herramientas que usa Wikileaks para poder mantener un nivel de anonimato razonable entre los “leaks” y el público general no son tecnologías disruptivas, en el sentido de innovadoras, sino más bien podríamos decir que son sistemas ya probados y muy testeados para garantizar un nivel de protección robusta a rastreos.

Si vemos la página central de Wikileaks, podemos ver que integra tecnologías y versiones modificadas de FreeNet, Tor y PGP.  Estas tecnologías fueron diseñadas para mantener una red de transmisión de información relativamente anónima, y si bien son herramientas comunes, su explicación técnica es bastante compleja.

En el caso de FreeNet, estamos hablando de una red de tipo P2P, como los famosos torrents que usamos para descargar películas entre otras cosas, que se diseñó como una red no estructurada de nodos no jerarquizados que se transmiten mensajes y documentos entre ellos. Los nodos pueden funcionar como nodos finales, desde donde empiezan las búsquedas de documentos y se presentan al usuario, o como nodos intermedios de enrutamento. De esta forma, cada nodo (computadora conectada que participa dentro de la red) puede contener una parte de la información requerida, funcionar como un intermediario de datos o como un usuario final. A medida que buscamos datos nuestra computadora también funciona como un nodo de transferencia de la información que estamos almacenando de la FreeNet, pero nosotros no podemos saber quién subió esa información ni quién la está compartiendo.

Por su parte, la red TOR permite a los usuarios navegar a través de servidores intermediarios, capaces de saltear las restricciones que algunas redes pueden hacer para controlar la navegación de las personas de un país. Por ejemplo, un caso muy común son las restricciones de contenido para que usuarios de Argentina no puedan ver cierto contenido multimedia alojado en otros países (contenido bloqueado por Netflix o Youtube, por ejemplo).

En el caso de TOR, los usuarios montan servidores privados que funcionan como intermediarios en la navegación, haciendo que nuestra dirección de IP sea la de esta computadora intermediaria. De esa forma, nosotros navegaríamos como si estuviéramos en otro país, además la misma red TOR va cambiando al azar nuestra navegación (entre distintos servidores) para dificultar el rastreo de nuestra computadora.

La tecnología PGP, Pretty Good Privacy (privacidad bastante buena), se basa en encriptar archivos mediante el uso de criptografía de clave pública/privada, para poder transmitir esa información sin que los intermediarios, servidores TOR y de FreeNet, puedan leer esa información.

Para entender este tipo de tecnología, imaginemos una caja, donde podemos poner un papel con información y enviarla a otra persona. Pra evitar que esa información sea leída por las personas intermediarias, nosotros podemos pedirle al receptor final de nuestro mensaje que nos envíe un “candado abierto” (clave pública), mientras que esa persona conserva la “llave del candado” (clave privada). Para mandar un mensaje en la caja, nosotros metemos adentro nuestro candando abierto, la información que queremos enviar, y luego cerramos la caja con el candado de la otra persona, de forma que nosotros ya no podemos abrir esa caja y solamente el dueño de la llave (que nunca compartió con nadie) puede abrir la caja, de esta forma evitamos intercambiar datos de como abrir la caja (enviar la llave) y los intermediarios (internet) solo pueden ver la caja cerrada.

Estas tecnologías permiten descentralizar la información para evitar persecuciones por parte de los integrantes de Wikileaks, aunque no es una herramienta infalible (ningún sistema informático es infalible) pero logra mantener un nivel de respaldo bastante grande al ser una red distribuida globalmente y no esta hospedada en un solo servidor. Por lo demás, el proyecto Wikileaks es bastante tradicional en la forma de cómo obtiene la información, a través de personas que confían en la plataforma para poder filtrar datos de grupos poderosos y con capacidades de hacer presión sobre medios más tradicionales.

Internet permite descentralizar –palabra que como vemos es “central” en esta discusión– las comunidades anti-sistemas que usan la Web como herramienta para coordinar sus actividades. De estas tecnologías, Wikileaks toma la mayoría para poder garantizar a sus informantes un nivel de anonimato que les garantice no ser perseguidos por sus acciones (como de hecho le pasó al mismo Julian Assange).

Analista en sistemas informáticos, licenciado en Tecnología Educativa, especialista en programación en sistemas GNU/Linux. Trabaja como administrador de servidores en el CIECS-UNC-CONICET y actualmente cursa el doctorado en Educación en Ciencia y Tecnología.

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Una advertencia al nuevo periodismo de investigación

Por Arturo Moya *

Este es un año particularmente especial para pensar el Estado de Vigilancia, que es cada vez más evidente. Por un lado, bajo pandemia, muchos Estados se han aprovechado al extremo del desarrollo de tecnologías de seguimiento -y eventual control- masivo de ciudadanos amparados en requerimientos de políticas públicas en materia sanitaria. Todo muy al estilo de las distopías socio-literarias del siglo XX, de base orwelliana.

Una porción de la ciudadanía ha aceptado, de buen grado, el desarrollo de aplicaciones, la adopción de sistemas de videovigilancia, reconocimiento facial y cientos de otras metodologías que permiten el seguimiento masivo (pero también individual), bajo el argumento del control del virus.

Por otro lado, es el año en que autores como Shoshana Zuboff (con su concepto de Capitalismo de Vigilancia) o Jaron Lanier (con su informada aversión a los medios sociales) se han tornado visibles para el gran público, poniendo en agenda cómo el sistema se ha activado hacia formas cada vez menos democráticas de gestión y control ciudadano, y cómo ciertas tecnologías son imprescindibles para ello.

Es en ese contexto, que iniciativas variopintas vinculadas a los Derechos Civiles, en especial vinculados con el uso de tecnologías son (y serán) objetos de persecución directa o encubierta, cuando no de infiltración estratégica tal como la Historia nos ha mostrado en diversos y trágicos momentos.

Personajes como Assange (o Edward Snowden, para mencionar los más conocidos), y eventualmente las organizaciones que generan o los amparan, aparecen en la mayoría de los casos como quijotescas representaciones de una lucha desigual entre el aparato militar-industrial-tecnológico y el ciudadano (y el periodista) de a pie.

Como digo, y visto la persistente actitud de infiltración que estos poderes mantienen sobre organizaciones, mantengo una mirada crítica aún sobre los emprendimientos “teñidos de buenas intenciones” como puede ser Wikileaks. En la era de las post-verdades, y del “disclosure” (“desclasificación”) con cuentagotas, es un gesto sano no depositar toda la confianza en nada ni en nadie.

Los trabajos de desclasificación realizados por Wikileaks u organizaciones similares creadas o por crearse (como la del ya renunciado de Wikileaks, Daniel Domscheit-Ber que está bajo la fundación de su propia organización de filtraciones) transitan entre la admiración por la valentía hacia sus miembros y fundadores, como la incierta sospecha de que puedan tratarse de organizaciones creadas o infiltradas por los propios organismos de inteligencia (como la omnipresente NSA) en la búsqueda de aumentar la desinformación. Y esa es una sombra en la que pivota también la figura de Assange.

En lo personal la figura de Julian Assange me interesa más por lo que provoca, que por lo que publica. La relación de los poderes con Assange, evidencia que es el “gran ejemplificador”. El ensañamiento en su persecución, que incluyó tal vez una de las más grandes traiciones que un Estado puede realizar (negar la condición de una protección diplomática previamente concedida), es un claro mensaje al mundo: “Nosotros manejamos la información, quien vulnere eso tendrá el destino de Assange”. No tendrán lugar para esconderse… (1)

Assange es, de algún modo, un paradigma novedoso en el mercado de la información/desinformación. Una mixtura de muchos perfiles que incluyen facetas como investigadores, hacker, periodista, programador… que plantea a la vez un desafío para repensar los propios perfiles profesionales en el campo de la Información y la Comunicación.

A nivel tecnológico, Assange se lleva variados reconocimientos, en especial en el campo de la criptografía y es allí justamente donde -considero- está el mayor desafío para el periodismo de investigación en el futuro inmediato (por no decir, el presente inmediato). Llevamos miles de años como especie, explorando métodos para tornar crípticos los mensajes (el primer sistema conocido data del siglo V a.C.), y así como se crean sistemas se buscan las formas de vulnerarlos. No hay nada hoy, a nivel tecnológico que garantice y menos a futuro, la inviolabilidad de un sistema de encriptación por lo que cualquier información que se encuentre fijada en algún soporte analógico o digital es potencialmente susceptible de desencriptar. Solo es cuestión de tiempo… y recursos.

El acelerado proceso vinculado a los cada vez más poderosos sistemas de Inteligencia Artificial y Machine Learning (en los cuales el complejo estatal-militar-industrial invierte cada vez más), tornarán probablemente más vulnerables los sistemas crípticos. Es por eso que presionar sobre Wikileaks y proyectos similares, es una tarea estratégica del Poder.

“Las guerras del futuro serán cibernéticas”, venían pronosticando los futurólogos desde la Guerra Fría. Y podemos agregar: “Las guerras del futuro serán informacionales”. Definir qué verdad se cuenta, o qué cosa se cuenta como verdad definirá el futuro de las naciones.

Es posible que, así como alguien puede sentirse inspirado en la figura de Assange, como paladín de la libertad de información, también es posible que otros –con similares intenciones de contribuir a la filtración– se vean amedrentados por las consecuencias que conlleva asumir esta batalla. Los costos personales (comenzando por el enfrentamiento a procesos legales costosísimos), hasta llegar –como ha ocurrido con Assange– a la traición por parte de la diplomacia ecuatoriana, y sus nefastas consecuencias de torturas físicas y psicológicas son una fuerte advertencia para aquellos que quieren avanzar en el Periodismo de Investigación, al menos en escalas que puedan resultar críticas o al menos molestas.

¿Hay un antes y un después de Assange y Wikileaks? Evidentemente. Así como el verdadero periodista de investigación de décadas pasadas (he conocido algunos), además de escribir, solía andar bien armado y acumulaba prácticas regulares de tiro táctico para preservar su propia integridad, parece a todas luces evidente que la formación de un periodista de investigación de la hora actual exige habilidades y destrezas como las exhibidas por Assange en su historial personal: notables conocimientos técnicos, interés particular por la criptografía y la programación… un blend que pocas academias hoy están brindando. Todo, para un perfil profesional cuya promesa de mayor éxito es la posible clandestinidad, los sacrificios personales (incluso a nivel familiar, como sufrió Assange), y en casos extremos la persecución y la muerte.

¿Significa esto que la disponibilidad y acceso a las nuevas tecnologías y la existencia misma de Internet, lejos de cumplir con las promesas iniciales incuba un proceso de totalitarismo, ocultamiento y tergiversación de la información? Hay bastante de ello.

Las promesas de mayor democratización y transparencia, de empoderamiento ciudadano y pluralidad de voces en una sociedad global son utopías a las que nos gustaría suscribir, pero ya son demasiadas las evidencias de que hoy más que nunca hay “dueños de la verdad” y son quienes, además, eligen qué mostrar y qué ocultar.

Como escribía el propio Julian Assange, en 2012:

El mundo no se desliza sino que galopa sin tregua hacia una nueva distopía transnacional. Esta evolución no se ha reconocido adecuadamente fuera de los círculos de seguridad nacionales. Se oculta tras el secretismo, la complejidad y la magnitud que esta evolución comporta.

Internet, nuestra mayor herramienta de emancipación, se ha transformado en la facilitadora más peligrosa de totalitarismo jamás vista. Internet es una amenaza para la civilización humana.

Estas transformaciones se han sucedido en silencio porque aquellos que saben lo que está pasando trabajan en la industria de la seguridad global y carecen de incentivos para contarlo. Si dejamos que las cosas discurran naturalmente, en unos pocos años la civilización global se convertirá en una distopía posmoderna de vigilancia de la que sólo los individuos más capacitados podrán escapar. De hecho, puede que ya hayamos llegado ahí” (2). 

(1) La referencia esconde un guiño a la obra de Glenn Greenwald: Snowden. Sin un lugar donde esconderse, que remite a otro muy conocido y perseguido del Estado de Vigilancia: Edward Snowden. Aunque el origen del conflicto es diferente, ambos comparten el haberse convertido en blanco abierto a eliminar.
(2) Cypherpunks, Julian Assange, Editorial Deusto, 2012 (Pág. 14-15).

Titular del Seminario de Nuevas Tecnologías en la FCC-UNC. Integra un grupo de investigación liderado por el profesor Pablo Tenaglia. Consejero Docente por el Claustro de Titulares FCC. Especialista en temas de Tecnología, Diseño y Comunicación, es además profesor en la Universidad Empresarial Siglo 21 y en el Colegio Universitario IES, donde dirige la Carrera de Diseño de Multimedios. Como ciber-activista, participó activamente de la Campaña Free Assange!
Ref: https://antiimperialistweek.org/en/free-assange/
https://www.integracion-lac.info/es/node/45188

Fuente: www.queportal.fcc.unc.edu.ar