Macri en Río Cuarto: Queremos preguntar

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01, Noviembre 2018

OPINIÓN

Macri en Río Cuarto: Queremos preguntar

La presencia del presidente de la Nación pudo haber contado con todas las voces, todas las preguntas. Una vez más, solo unos pocos privilegiados pudieron caminar el estrecho pasillo de la obsecuencia periodística

Por Gabriel Marclé

Eran las 12 del mediodía. El escenario: la Sociedad Rural de Río Cuarto. Todo listo para formar parte de la tan anunciada conferencia de prensa en la que los medios locales podíamos intentar hacer esas preguntas que se hace muy poco, y que se corresponde con la dura realidad de muchos argentinos. Después de 5 horas de seguirlo, estábamos ahí. Listos, con nuestra lista de preguntas, tratando de echar luz a tantas incógnitas.

Pasaron listado de los que podrían acercarle su consulta al presidente, y allí solo estaban los medios grandes. Enorgullecidos porque mucho de nuestros amigos y colegas de la ciudad podían cumplir con su trabajo y demandar una respuesta clara. Tristes, porque una vez más los medios pequeños y cooperativos no íbamos a tener ese “privilegio”. Algunos de nosotros lo manifestamos a viva voz, para que ellos se dieran cuenta del recorte, aunque luego entendimos que ese es solo otro día en la oficina para ellos. El marketing político, el título chabacano y repetido. Eso buscan difundir.

“¿Cómo vio el Boca-River?”, se atinó a preguntar desde un medio nacional con sede en Córdoba, dejando de lado otras preguntas que no irían en primera plana pero que buscaban un compromiso más fuerte con la conciencia social en un marco actual que se presenta desastroso. Y el reproche también llegó luego de la conferencia, cuando un colega se paró para manifestar su enfado por sentirse discriminado como parte de un medio cooperativo. La respuesta del otro lado fue nula, tal vez algún que otro empujón “aleccionador”, como les gusta decir. Y así terminó todo con un presidente que giró los ojos y acompañó con su cuerpo hacia la salida, lejos de los micrófonos.

Allí, “tras bambalinas”, quizá comentó entre sus colaboradores lo incómodo de esa situación y debe haber sonreído por la satisfacción de lograr -una vez más- que hoy los noticieros y mañana los diarios hablen de “la esperanza”, “empujar todos para el mismo lado” y el Boca-River por venir, sin expresar un solo gesto de preocupación con aquel que hoy recibió un telegrama de despido, o cerró su tambo, o explicó a sus hijos con lagrimas en los ojos por qué no pudo conseguir algo para almorzar. Las respuestas no llegaron, pero él sabe bien que la ceguera que proponen algunos solo viene acompañada de más fuerza en cada pregunta que osemos preguntar.