“También fui víctima de todo esto”

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17, Diciembre 2018

Los hijos del femicidio

“También fui víctima de todo esto”

Patricia Pappa tenía 40 años, trabajaba en una concesionaria de motos, le gustaba pasar tiempo con su familia, con su nieto. Ella fue atacada por su ex pareja, Marcelo Sembrenil el 19 de noviembre de 2014 en Lavalle al 500. La apuñaló y prendió fuego. El femicida en octubre del año siguiente recibió la condena de prisión perpetua por el crimen. Patricia no fue la única víctima del hecho, hoy sus hijos y su familia la siguen extrañando.

Por Dafne Acevedo Giménez

Según un estudio realizado por La casa del Encuentro y el Observatorio Ni Una Menos, desde el primero de enero hasta el 31 de octubre del corriente año hubo 225 femicidios en todo el país, por los cuales 250 hijos e hijas se quedaron sin su madre, de los cuales 169 son menores de edad. Si nos referimos a la provincia de Córdoba, según Centro de Estudios y Proyectos Judiciales, hubo 17 femicidios, 14 hijas e hijos menores quedaron sin su mamá, y dos de las víctimas estaban embarazadas.

El femicidio de Patricio Pappa ocurrió hace cuatro años. Matias Villanueva es uno de los hijos de la mujer. “¿Cómo era mi mamá? Ella era una persona muy alegre, feliz muy trabajadora, muy buena persona. Y yo no tengo otra forma de recordarla que no sea así, feliz. La imagino siempre con una sonrisa”, trae en recuerdo el joven y agregó:

“Mi relación con ella era muy buena, si bien la hacía renegar bastante era muy buena nuestra relación”. El joven fue quien escuchó a Patricia en el momento del ataque, enfrentó a Sembrenil y buscó ayuda. En ese tiempo tenía 19 años, “lo recuerdo como una gran pesadilla, no tengo otra forma de pensarlo”, expresó.

“Lo recuerdo como una gran pesadilla, no tengo otra forma de pensarlo. Me quedaron muchos recuerdos horribles e inborrables”

“Del hecho en mí quedaron muchos recuerdos horribles e imborrables. También me dejó mucha incertidumbre, porque uno se vive preguntando: ¿por qué? Aunque nunca vaya a encontrar la respuesta”, dijo Matias, quien aseguró que no volvió a ser el mismo después de ese 19 de noviembre, “me dejó mucha desconfianza; desde ese día me cuesta mucho volver a confiar en la gente; imagínate que una persona  que vivía conmigo y yo suponía conocer hizo lo que hizo, la verdad es que ahora no confío en cualquiera”, manifestó.

Atrás de cada femicidio quedan dolores, marcas, recuerdos y daños, “tal vez indirectamente yo también fui víctima de todo esto”, sostuvo el hijo de Patricia, quien relató que cuando ocurrió la muerte de su madre se acercaron tres mujeres de una subsecretaría del municipio, “pero lo hicieron como iniciativa de ellas”, aclaró y agregó: “A mí nunca nadie me hizo un seguimiento de nada”. La policía se encargó de la detención, la justicia de la condena, ¿no quedaba nada más por solucionar? Ante una problemática que está presente en la actualidad, ¿no debería el Estado amparar a la familia de la víctima del femicido? ¿no son ellos también damnificados de esa realidad?

“Todo lo que vi y con todo lo que pasé no fue nada fácil seguir. Realmente es muy necesario un seguimiento de un profesional”

RETRUCO le preguntó a Matías si el consideraba necesario que alguien lo hubiese acompañado desde el Gobierno ante lo acontecido, a lo que asintió con la idea: “Creo que sí, en ese momento hubiese sido necesario que alguien me ayude a seguir, alguien que se comprometa y me hiciera un seguimiento, creo que el Estado debería encargarse de eso. Poner a disposición de las familias de la víctima psicólogos, psiquiatras, o lo que sea necesario para salir adelante. Hay gente que no puede sola, que no tiene los recursos, vos imagínate en mi caso: todo lo que vi y todo lo que pasé no fue nada fácil seguir. Realmente es muy necesario”. En el mes de julio de este año la Cámara de Diputados dio media sanción y en octubre se reglamentó la Ley Brisa, la cual beneficia económicamente a los hijos, menores de edad, de víctimas de femicidios o del asesinato de alguno de los progenitores en manos de otro. El aporte es un haber jubilatorio mínimo mensual, con sus incrementos móviles, destinado a personas menores de 21 años o con discapacidad. Es un avance, pero ¿es suficiente un aporte económico?

“En este tipo de situaciones no hay ninguna palabra que sirva, esa es la realidad. Uno con el tiempo aprende a hacerlo más llevadero y a que no pese tanto”

Hace tiempo se reclama por la emergencia en violencia de género, con un presupuesto acorde para llevar adelante las políticas que traten la temática. Quizá debería considerarse un presupuesto destinado para el acompañamiento y para acciones concretas hacia la familia de las víctimas fatales. Se sabe que la violencia hacia las mujeres no son hechos aislados, es un problema social, un asunto pendiente de los gobiernos que pasaron y de los que están de turno. “En este tipo de situaciones no hay ninguna palabra que sirva, esa es la realidad. Quienes estén en mi situación lo deben saber, no hay nada que calme. Uno con el tiempo aprende a hacerlo mas llevadero y a que no pese tanto”, concluyó Matías. Hasta ahora, el 2018 deja otros 250 hijos del femicidio con ese mismo sentir, con el mismo reclamo. ¿Cuánto más tiene que crecer la estadística para que el Estado deje de hacer oídos sordos?