A once años, memoria y reflexión

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5 Diciembre, 2018

A once años, memoria y reflexión

Por Florencia Guttlein

Hoy se cumplen once años de la tragedia que sacudió a la Universidad Nacional de Río Cuarto, la explosión de la Planta Piloto donde murieron seis personas. En recuerdo de quienes perdieron la vida allí, se realizó un acto frente a la vieja Planta Piloto y una misa en su memoria que estuvo precedida por el sacerdote Carlos Juncos.

Once años ya pasaron de aquella mañana cuando la UNRC sufría la pérdida de los docentes Gladys Baralla, Damián Cardarelli, Liliana Giacomelli, Miguel Mattea, Carlos Ravera y el estudiante Juan Politano. Hoy, en su honor, se construyó frente a la Planta Piloto una fuente de agua continua que hidrata y apaga el fuego. Luego se realizó un minuto de silencio por los seis fallecidos y cantantes del Coro de la Universidad, acompañadas por su directora Verónica Baldassarre, interpretaron la canción Hallelujah de Leonard Cohen.

El acto contó con la presencia de familiares, amigos, compañeros de los muertos, y allegados, quienes depositaron claveles blancos y rojos en la puerta de la vieja Planta Piloto. También estuvieron presentes el rector y el vicerrector de la UNRC, Roberto Rovere y Jorge González, secretarios de rectorado y autoridades de las cinco facultades.

El acto estuvo signado por las palabras de familiares de las víctimas y de representantes de la Asociación Gremial Docente (AGD) y por el silencio absoluto de las autoridades de la UNRC, quienes no compartieron ninguna palabra al respecto. Sólo se limitaron a participar.

En dialogó con Retruco, el rector de la UNRC Roberto Rovere, manifestó su opinión con respecto a los temas que aún quedan por resolver respecto a lo acontecido. “Sin dudas siempre hay temas  que tienen que ver con la seguridad. La seguridad no es simplemente un querer, es necesario disponer de condiciones presupuestarias. Esto tiene que ver con las necesidades de disponibilidad de presupuesto para funcionamiento elementales, donde está implícito el tema seguridad. Que va acompañado en generar espacios de capacitación, tanto para estudiantes, docentes y no docentes, para concientizar sobre los riesgos potenciales que puede haber. Debemos tomar consciencia de eso, y no caer en la rutina, para que estas cosas no vuelvan a suceder”.

Además agregó: “La justicia ha culminado su instancia, nosotros la respetamos. Los resultados de la justicia también generan situaciones dolorosas para todos, para quienes han tenido la dura situación de afrontar una responsabilidad y, sin dudas, las pérdidas de familiares. Esto ha sido una situación muy dolorosa para la comunidad. Las cicatrices siguen, las heridas siguen. Tenemos que curarlas pero sin que se olvide lo que pasó”.

Por su parte, la profesora Elena Berruti compartió un mensaje en el acto y llamó a la reflexión y a la necesidad de considerar que cada 5 de diciembre no sea tomado sólo como una efemérides, una fecha más en el calendario. “Nos encontramos haciendo la cuenta para saber bien que son once años los transcurridos. ¿Qué aprendimos de aquel 5 de diciembre? Cada uno o cada una lo contestaremos como podamos, pero la pregunta debe ser formulada en plural y en colectivo porque la explosión de la Planta Piloto, con diversas dimensiones de dolor, gravedad, pérdida y responsabilidad, nos pasó a todas, a todos como colectivo universitario, como comunidad. Que no nos gane el olvido”. Además, Berruti reclamó que nunca más haya un muerto en el lugar de trabajo y convocó a seguir en la defensa de la universidad pública en tiempos de brutal retiro del Estado, un 2018 que duele por todos lados con precarización de las condiciones laborales.

Luego dejaron el micrófono abierto para aquellos familiares que deseen expresar un mensaje. Osvaldo Simone, viudo de Gladys Baralla, tomó la palabra y dio las gracias, en nombre de las familias de las víctimas, a todas las personas presentes que hacen a la institución. Además, expresó la necesidad de renovar año a año el símbolo de volver a encontrarse en aquel lugar y concluyó: “No debe haber tarea más importante que cuidar la vida”.
Otro de los familiares que tomó la palabra fue  Claudio Ceballos, viudo de Liliana Giacomelli,  quien expresó: “El asueto académico que se realiza cada 5 de diciembre no debe ser visto como un día de examen u horas de trabajo que se pierden. Es un tiempo de siembra para cosechar una recordación trascendente y reflexiva. Que no haya olvido, debemos preservar la memoria durante los 365 días que faltan hasta el próximo acto”.

Que este nuevo aniversario  sea un llamado a la reflexión, para toda la comunidad, sobre cuál es nuestro deber y nuestro compromiso con respecto a lo acontecido, cómo podemos aportar desde nuestro lugar, como integrantes de la comunidad universitaria. Seamos capaces de dejarnos interpelar, de cuestionarnos y de comprometernos para aportar a la memoria, para que ningún trabajador más pierda la vida en su lugar de trabajo y que la Universidad sea un espacio seguro para todos los estudiantes que trascurrimos allí cotidianamente.