Un océano de dudas para esclarecer

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3 Diciembre, 2018

LOCALES

OPINIÓN

Un océano de dudas para esclarecer

Por Marita Pedernera

La inclusión educativa de niños con discapacidad. Un desafío más para madres y padres.

El 3 de diciembre es el día internacional de las personas con discapacidad. Para qué sirven los días internacionales­? Justamente para señalar algo que falta, algo que no está presente entre nosotros como sociedad. Uno de los derechos aún sin garantizar plenamente en nuestro país es la inclusión educativa de niños y jóvenes discapacidad.

Desde siempre, las familias ofrecen la principal mirada para analizar el escenario de la inclusión educativa.  Familiarmente, después de transitar procesos difíciles, hay quienes van siendo conscientes de que el derecho a la educación es el mismo para todos los niños y las niñas. Esto amplía la mirada y permite asegurarse de que es indistinto que sus hijas e hijos puedan educarse en una escuela pública o privada porque la Ley de Educación está por encima de las opciones de escuelas.  Pero no hay porqué obviar que los centros educativos no están preparados para aceptar situaciones diferentes, quizás una de las razones sea que en la enseñanza de la profesión sigue vigente la tendencia a homogeneizar a las personas.

Daniela es madre de Lucas y cuestiona las reglas “aprender, pero no con la presión de estar 45 minutos en el aula”. En tanto, Mauricio -papá de Felipe- descubre que en la flexibilidad de algunas asignaturas emergió una escena motivadora donde se logró captar en una fotografía a su hijo desplegando habilidades; “allí vimos en la foto, la concentración que tenía, que puede esperar y aprende más así.”

El reconocimiento de que hay diferentes formas de aprender, distintas maneras en que el conocimiento puede representarse y distintas motivaciones, es algo muy natural para un papá que mira y cuestiona cuál es el mejor lugar para que su niño aprenda.

Entonces nos preguntamos ¿cuál es el núcleo problemático en los procesos de inclusión? Uno es la falta de adaptación de las escuelas, ¿de las escuelas y de los adultos que hacen las escuelas? Las escuelas históricamente no están preparadas para aceptar situaciones diferentes, la decisión recae en la predisposición de quien está a cargo, entonces eso lo dificulta porque la predisposición es algo personal, va más allá de las normativas, de las leyes. Pasa a depender de la mayor o menor permeabilidad de las personas. Y así las perspectivas de éxito del proceso de inclusión educativa se sumergen en la mayor o menor adaptabilidad que desarrolle el niño o la niña ante los contenidos escolares.

Además se presentan otras limitaciones, a veces es indudable la idea de que lo diferente saca del sitio de confort. “Una se siente cómoda apelando a las herramientas que le dio la formación”, sostiene Victoria, una seño interpelada por la experiencia de incluir a un niño especial en la sala de 4. Para las seños la inclusión también es desafiante, porque tienen que estar dispuestas a construir herramientas nuevas para educar y se presenta el temor a agotar los métodos conocidos.

Por otra parte, Caro -una mamá- se pregunta: “¿será posible que la seño use algunas de las estrategias de arte para que mi hijo aprenda lengua?” ¿Se podrá aprender lengua con una sensación de libertad tal que ir creándola es ir aprendiéndola? ¿Podremos ponerle colores, texturas, olores y sabores a nuestro abecedario? Preguntas para pensar.

De la misma forma, un padre podría cuestionarse; ¿será cierto que podemos aprender en menos tiempo que los 45 minutos de la hora estipulada por el colegio y caminando entre los bancos? En esta incertidumbre, en un mar de dudas, se escriben las historias de otras familias que transitan procesos semejantes. Sin ser el mejor ni el peor maestro, hay un saber en el conocimiento natural del papá que define a su hijo con una clara afirmación: “conecta más con lo que él puede”.

En relación a la inclusión en la escuela, le consultamos a Mabel; si tuvieras que darle un mensaje a otro padre, ¿qué le dirías? “Le diría que confíe en su hija o hijo permitiéndole conectarse con lo placentero, enfocar en la potencialidad, en lo que puede y le gusta hacer. Así ella o él mismo, indicará el camino a los educadores y a la familia”, responde la mamá de Sole.

La historia de los desafíos de las familias no termina acá porque garantizar estos procesos de inclusión tiene otra demanda más para las madres y los padres. No solamente se trata de buscar respuestas a todos estos interrogantes, hay que estar atentos a los apoyos y a  generar redes para asegurarlo. Aquí aparece otro punto; la cuestión económica de las mutuales y las coberturas, se presentan otras batallas. Si bien hay tendencias más favorables que hace 20 años atrás, el financiamiento de las terapias sigue siendo un aspecto vulnerable y para nada equitativo entre el propio grupo de personas en situación de discapacidad.  A veces la ausencia de un servicio de cobertura pone en riesgo el derecho a la educación y no es un tema menor.

“Nuestro hijo siempre busca que andemos por caminos pocos vislumbrados. Lo que nos hace pensar y nos hace dudar”. La frase familiar da cuenta del coraje y la garra que adquieren estas familias para cuestionar y subvertir un orden social desfavorable.  En esta mirada el subversor adquiere una actitud positiva hacia una sociedad susceptible de ser cambiada.

Albert Camus, sobre la rebeldía, sostiene que negar no es renunciar porque permite cambiar de rumbo. “El rebelde es un hombre que dice no, pero que no renuncia a su mundo y le dice sí, por cuanto en ello va el sentido de su lucha”.

Lic. Marita Pedernera, mujer madre, comunicadora social y militante.