Una alternativa sustentable al acuerdo porcino

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11, Diciembre 2020

Una alternativa sustentable al acuerdo porcino

Organizaciones de la agricultura familiar, cooperativa y campesina presentaron una propuesta sustentable para la industria porcina a nivel nacional. Cuestionan las megafoctorías que impulsa China y exigen políticas de Estado para la producción sana y de calidad.
Foto: Juan Pablo Barrientos

Por Nahuel Lag 

¿Se puede hacer un acuerdo porcino sustentable? El intento del gobierno nacional de sellar un pacto comercial con China para transformar al país en exportador de carne de cerdo, a medida del gigante asiático, quedó congelado por la rápida reacción popular sobre los impactos que tenía para la salud y el ambiente la instalación de 200 megafactorías. “Basta de falsas soluciones”, fue la consigna que se impuso. ¿Hay soluciones reales? Hay 30.000 pequeños y medianos productores que actualmente poseen más de la mitad de las cerdas madres y las crían “a campo”, sin estrés, ni antibióticos. Hay infraestructura ociosa por años de concentración del mercado y décadas de abundante acumulación de conocimientos mediante la investigación de INTA y de las universidades.

“La agricultura familiar puede producir en ocho años la misma cantidad de toneladas que las megagranjas, con un resultado ambiental positivo”, asegura Claudio Demo, ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional de Río Cuarto, y redactor de la “Propuesta para una producción porcina sustentable”, que impulsan la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe), la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI-Somos Tierra) y el Frente Nacional Campesino (FNC).

“No somos productores de ‘subsistencia’ sino de resistencia a las sucesivas políticas orientadas a profundizar la concentración económica y expulsión del sector porcino de menor escala, que se vienen aplicando casi sin interrupción en los últimos 44 años”, denuncian las organizaciones en su propuesta. A pesar de esas políticas, los 30.000 pequeños y medianos productores porcinos poseen la mitad de las 400 mil cerdas madres del país y aseguran que, con intervención del Estado en políticas públicas y sin esperar que lluevan inversiones chinas, la producción se puede incrementar a 1.200.000 toneladas en tres años.

Además, esa cifra de producción se alcanzaría incrementando de 30.000 a 45.000 los productores en todo el país, que posean entre 25 a 30 madres de promedio para la cría al “aire libre” o “a campo”, modelo ancestral que comienza a ser alternativo frente al incremento de los feedlots y las megranjas.    

Las megafactorías chinas proponen un modelo de hacinamiento con miles de madres que detestan hasta 25 crías por año, sin espacio para moverse, con partes de su cuerpo mutiladas para evitar agresiones, antibióticos para reducir la circulación viral y otros combos químicos para acelerar el crecimiento. Un modelo farmacológico que deja su huella ambiental y aumenta el potencial pandémico y la resistencia bacteriana.

Esas factorías requieren un solo trabajador cada 100 madres. En el modelo de la agricultura familiar los cerdos crecen al aire, sin estrés ni antibióticos, ni anabólicos y se precisan para el cuidado y cría un trabajador cada 25 o 30 madres. “La factibilidad de criar cerdos en condiciones de bienestar animal y con respeto del ambiente, es una ventaja que solo tenemos los criaderos de pequeña y mediana escala”, sostienen las organizaciones.

Demo, integrante de la cooperativa de carnes y chacinados Cooperchac, completa: “Los capitales concentrados aún no encuentran la forma de criar de esa forma y que les sea rentable empresarialmente. Y mientras sea una facultad propia de la agricultura familiar no le van a dar identidad. Pero la realidad los va a atropellar, los productos comestibles industriales, aunque sean baratos, están siendo relegados por los consumidores”.

En ese cambio de paradigma, el acuerdo porcino sustentable de las organizaciones campesinas incorpora un elemento de valor de la producción sustentable: podrá certificarse el modo de producción y ofrecer un producto de mejor calidad para la salud humana, que además no tendrá el impacto ambiental negativo que genera la producción industrial.

Un acuerdo porcino sustentable, soberano y de largo plazo

La propuesta de las organizaciones campesinas pone en perspectiva el apresurado acuerdo porcino que intentó sellar el gobierno nacional con China. Recordaron que la necesidad del gigante asiático (de salir a buscar nuevas tierras donde producir su demanda de 20 millones de toneladas al año) se debió a la Peste Porcina Africana, que se registró en 2018 y forzó a las autoridades a sacrificar a miles de madres y crías.

“Quien más rápido logrará cubrir esa demanda será la propia producción China, cuando se recupere del daño causado por la enfermedad. Y si fuera así, en un plazo de 3 a 5 años, comenzará a disminuir su importación, hasta concluirla o hacerla ínfima en 7 o 9 años”, señala la propuesta de las organizaciones redactada por Demo. La proyección de la recuperación de la producción china coincide así con el plazo de 8 años que el primer borrador del acuerdo porcino establecía para alcanzar una producción de nueve millones de toneladas en el país.

En ese cálculo, el acuerdo porcino con China parece estar hecho a medida para la supuesta lluvia de inversiones pero no contempla dónde colocar ese masivo incremento de producción porcina ni qué hacer con el impacto ambiental que genere en el país. “Es una lógica de entender la producción del país con foco en la ganancia de los dueños del capital, minimizando mano de obra y ambiente. No entra en el espectro de su imaginación que se puede producir incluso mejor, focalizando en la fuerza de trabajo que es lo que nos sobra, en armonía con el ambiente y minimizando el uso de capital que es lo que escasea”, describe Demo.

En ese punto crítico de la intención del gobierno de convertir al país en exportador de carne porcina, las organizaciones responden con su propuesta: “La única forma de incorporar un producto que luego no se quede sin demanda sería ofrecer un producto diferenciado que ingrese por la demanda, pero luego China no pueda reemplazarlo con producción propia” y resaltan: “La diferencia significativa con respecto al producto ‘industrial’ de las megagranjas que no tiene futuro después de la recomposición de stock de China”.

La agricultura familiar como ventaja comparativa

Cuando la idea del acuerdo fue defendida por el presidente Alberto Fernández destacó como valor agregado poder exportar proteína y no solo cereales para alimentar a los chanchos chinos. Cuando el gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, firmó un principio de acuerdo para activar el plan en su provincia, ante el fracaso a nivel nacional, se destacó la facilidad de acceder a trigo y soja a precios bajos.

El acuerdo porcino sustentable de las organizaciones campesinas propone cambiar la mirada y observar que la Argentina no solo tiene como ventaja la oferta de granos –que se busca ampliar en 200 millones de tonelada para 2030— sino “la existencia de miles de productores familiares que tienen la experticia para producir alternativamente y los cientos de técnicos de terreno distribuidos por una amplia geografía”.

Las organizaciones campesinas le recuerdan al Estado que se llevan “décadas de abundante acumulación de conocimientos mediante la investigación de INTA y universidades”, que ese conocimiento se transfirió a los productores de pequeña y mediana escala a través de capacitaciones en los Grupos de Cambio Rural (INTA) y por proyectos de la Secretaría de Agricultura Familiar en distintas etapas, particularmente en el periodo para los emprendimientos porcinos desarrollados durante los años de gestión kirchnerista entre 2005 y 2014.

“El Estado invirtió mucho dinero, en forma de capacitaciones, subsidios y créditos a pequeños productores, pero que en general terminaron fracasando porque no se modificó la política económica de mercado liberado al poder de la agroindustria concentrada”, apuntan.

¿Cómo fundar un modelo porcino sustentable?

“El modelo neoliberal permitió la concentración brutal de la industria y su empoderamiento para financiar sus crisis con el trabajo gratuito de los porcicultores familiares. Esta lógica hizo que la desaparición de esos productores haya mantenido niveles ‘bajos’ de producción nacional que impidió pensar en exportar. Mientras tanto, la industria concentrada tenía la vaca atada del mercado interno y manejaba la demanda con la importación de carne de segunda de Brasil”, reseña Demo e indica que ese modelo se construyó a partir de la última dictadura cívico-militar y se tradujo en una reducción del 90 por ciento de la ocupación rural y el modelo de pooles de siembra de producción intensiva para la exportación.

Para romper con ese modelo productivo, las organizaciones campesinas proponen la creación de un Programa Nacional de Promoción de la Producción Porcina (PNPPP) y, en simultáneo, la creación del Ente Argentino para la Comercialización de la Carne Porcina (EACCP).  “No hay ninguna posibilidad de emprender un proyecto que abarque a pequeños y medianos productores si no hay un cambio profundo de reglas de juego y el Estado vuelve a ser árbitro en lugar de ser un instrumento de los poderosos”, sentencia el referente de Cooperchac.

El PNPPP sería el espacio estatal donde coordinar la ejecución de un plan de producción porcina de calidad con la cooperación activa en el diseño de productores, técnicos e  investigadores, que ya trabajan junto al sector cooperativista y PYME, e integraría también la participación de organizaciones de consumidores conscientes del impacto que tiene el modelo de producción industrial.

El EACCP, en tanto, estaría a cargo de generar las condiciones logísticas, financieras y técnicas para impulsar la producción y exportación, hacer acuerdos comerciales con otros países y hacerse cargo de la comercialización exterior del producto. En ese punto, la propuesta de las organizaciones destaca que “la capacidad ociosa de los frigoríficos porcinos es suficientemente amplia para atender la producción hasta los dos primeros años” y marca que se deberá hacer “un fuerte esfuerzo en la cuestión logística para garantizar la disponibilidad de insumos de alimentos en las regiones extra pampeanas”.

“La ‘eficiencia’ declarada por el modelo industrial es una eficiencia del capital y su posibilidad de apropiarse la mayor parte de la ganancia. En la lógica de agricultura familiar, el capital no es una suma precisa de dólares, sino la reutilización de bienes disponibles o reciclados y que le permita la apropiación de una mayor parte de la ganancia para la mano de obra. Pasa a ser intrascendente si la cerda produce 30 o 20 lechones al año. Porque además en la cría a campo el mayor capital son los propios animales”, explica Demo el espíritu de un acuerdo porcino sustentable.   

Fuente: www.agenciatierraviva.com.ar