Zootropos: ¿una máquina ineficiente?

Publicada en Publicada en agenda cultural y deporte, derecho a la comunicación, locales, noticia destacada 1

16 Abril, 2019

RECOLECTORES URBANOS

Zootropos: ¿una máquina ineficiente?

En el marco del programa “Recuperadores Urbanos”, el gobierno municipal de Río Cuarto decidió entregar a diversos grupos familiares de carreros zootropos, que son unidades con motor y cúpula. El objetivo de este programa es “descomprimir” la cantidad de carros a tracción a sangre que circulan en la ciudad. La historia de Claudio Herrera, carrero de más de 20 años, nos muestra las falencias que tiene dicho programa y que repercute de manera directa en el trabajo cotidiano de los actores rurbanos.

Por Florencia Guttlein

Una postal cotidiana en Río Cuarto son los carreros, junto a su caballo y el carro transitan diariamente la ciudad recolectando basura, cartones, realizando actividades de cirujeo. Son actores rurbanos: personas que en el medio urbano utilizan saberes y experiencias asociadas a la ruralidad en espacios urbanos.

Los actores rurbanos han configurado, sin quererlo y solo por una cuestión de necesidad y para sobrevivir, un modelo de ciudad que pone en discusión y en puja dos cuestiones que son complejas, dicotómicas y que tienen sus propias representaciones y significaciones: lo urbano y lo rural. Las calles de Río Cuarto son el escenario principal donde se ponen en relación y en jaque ambas realidades. Una realidad que, en muchas situaciones, molesta. O porque el caballo es maltratado o porque el carro dificulta el tránsito. Varias son las problemáticas que la gente expresa. Lo cierto es que el trabajo de cientos de carreros y de familias rurbanas es una realidad necesaria.

Más de 450 familias viven de las actividades de rebusque en nuestra ciudad. Algunos carreros con más de 40 años en el oficio. Familias enteras arriba del carro, trabajando todos los días, sin horarios y sin descanso. Sobreviviendo en una sociedad que los condena por utilizar un animal para su trabajo, que los margina por transformar las calles de nuestra ciudad en postales rurales y que los estigmatiza por ser simplemente carreros. En ese contexto, surge hace algunos años, el programa “Recuperadores Urbanos” con el objetivo de brindarles un trabajo más “formal” y mayor “seguridad” a quienes viven del cirujeo. Es así como desde el Gobierno Municipal ponen en funcionamiento los Zootropos, vehículos motorizados que vienen a reemplazar el caballo y el carro. Diferentes actores rurbanos son “beneficiados” con este programa y es así como Claudio y Esther obtienen su zootropo y dejan de lado su caballo y el carro.

Son actores rurbanos: personas que en el medio urbano utilizan saberes y experiencias asociadas a la ruralidad en espacios urbanos.

Claudio hace 20 años que trabaja como carrero en nuestra ciudad. Vive en Barrio Alberdi junto a su familia y todos los días, desde las cinco de la mañana, comienza con su trabajo de cirujeo. “Trabajo todos los días de lunes a sábados, y trabajamos todos por igual. Vivimos de esto, me levanto a las cinco de la mañana”. En su recorrido diario Claudia recolecta cualquier tipo de material, para luego venderlo. Lo ganado le permite mantener la familia y cubrir los gastos básicos de nafta que requiere la matocarga.

En el año 2013 el gobierno municipal decidió poner en funcionamiento las unidades con motor y cúpula. El objetivo de este programa fue la de “descomprimir” la cantidad de carros a tracción a sangre que circulan en la ciudad, generar mayor seguridad para quienes trabajan de eso y para todos los habitantes en general. El programa pone a disposición de los carreros un taller mecánico para el arreglo y puesta en funcionamiento de las motocargas. Ante cualquier problema que tenga la moto, las personas deben acercarse allí para que el personal a cargo les brinde una solución. Los gastos de arreglo corren por cuenta del programa “Recuperadores Urbanos”. Pero la realidad dista mucho de aquellas promesas. Lo cierto es que cada rotura o desperfecto que sufre el zootropo lo tiene que pagar cada carrero. Claudio ha tenido que gastar mucho dinero en reparaciones: “Ya llevo 30 mil pesos gastados en arreglos para la moto. Ellos nos dijeron que eso lo iban a cubrir, pero no. Se rompe y lo tenes que pagar vos. Te ponen mal uso y no te lo cubren. Ni siquiera la miran, te ponen eso y tenes que pagar vos del bolsillo. No tenemos auxilio de Zootropo, no tenemos nada”, expresa Claudio.

“Trabajo todos los días de lunes a sábados, y trabajamos todos por igual. Vivimos de esto, me levanto a las cinco de la mañana”

Cada vez que el zootropo se rompe Claudio se tiene que enfrentar a la odisea de tratar de lograr que en el taller mecánico le arreglen la moto lo más rápido posible ya que la motocarga es su único medio de trabajo. Sin el zootropo no puede trabajar. La realidad es que desde Promoción Social no les brindan las soluciones inmediatas que los carreros necesitan. Claudio ha pasado hasta dos meses sin poder trabajar porque el zootropo estaba dañado. Al problema de la inoperancia de este programa se le suma la dificultad de poder encontrar los repuestos adecuados, ya que los modelos de motos que utilizan ya no se fabrican más, por ende, encontrar una pieza que funcione en la moto carga es prácticamente imposible.

¿Por qué el Zootropo sí? 

A mediados de 2006 se puso en funcionamiento el Programa Recuperadores Urbanos (PRU), y en el marco de ese proyecto las autoridades municipales de ese momento, comenzaron a pensar en “alternativas” para brindarles mayor “seguridad” a los carreros. Ahí surge la posibilidad de sustituir el carro y el caballo por los zootropos.

dav

En medio de políticas sociales, de propuestas para mejorar la vida de los recuperadores urbanos, hay una realidad y es que el carro y el caballo genera incomodidad. Y en este punto me atrevo a citar textualmente a Silvina Galimberti, quien investigó en profundidad sobre este programa y los zootropos en particular, ella pone en palabras esos pensamientos que genera ver un carro y un caballo en el medio de una ciudad que, promete ser pujante y emprendedora: “Situado en el centro de la ciudad, el carromato tracción animal exaspera sobremanera al orden urbano. Ilegal, generador de desorden y caos, peligroso y amenazante, viejo, sucio y feo, además de desubicado y atemporal, se configura como la antítesis del proyecto urbano moderno que se busca realizar”. (La máquina de ilusionar. Rurbanidad, intervención sociotécnica y condiciones de vulnerabilidad. Galimberti, S. Cimadevilla, G. 2016:107).

En ese contexto, el zootropo viene a convertirse en un instrumento tecnológico con un poder de “crecimiento” laboral y personal para el carrero. Y así lo han dicho los técnicos del PRU, cuando mencionaron sus tantas ventajas: optimización de las actividades, maximización de las ganancias, mejores condiciones de higiene y salubridad, seguridad y confort, y dignificación general de la actividad y del trabajador. Después de todo esto, podríamos decir que el zootropo es una máquina que les viene a cambiar la vida a los carreros o, mejor aún, es una máquina de ilusión social porque es realmente una ilusión pensar que un vehículo puede transformar la vida del carrero, dignificar su trabajo y brindarle mayor reconocimiento. El zoótropo es una máquina de ilusionar, promete transformar la vida de sus adjudicatarios. El móvil urbano se concibe como un dispositivo capaz de promover el desarrollo económico y social, mejorando las condiciones de vida y promoviendo la integración social. (La máquina de ilusionar. Rurbanidad, intervención sociotécnica y condiciones de vulnerabilidad. Galimberti, S. Cimadevilla, G. 2016:110).

La realidad es que el zootropo es un problema, más que la solución, para los recuperadores urbanos. A ninguno les ha transformado la vida, ni mucho menos les ha brindado condiciones dignas de trabajo. El zootropo trajo aparejados inconvenientes, y gastos. Muchos gastos. Trabajando seis días a la semana, todo el día, Claudio, con suerte, recauda alrededor de 3 mil 500 pesos cada quince días. Cerca de 2 mil pesos van destinados a gastos de nafta y otro tanto a los repuestos que tiene que comprar cuando se daña la motocarga.

La historia de Claudio Herrera es una más de las tantas que diariamente sufren los inconvenientes de un programa que no se ajusta para nada a las necesidades de los actores rurbanos. Más bien, los zootropos son un antojo que se permitieron las autoridades municipales con tal de que la ciudad se vea “más linda, más pujante, más accesible”, olvidando las carencias que sufren los ciudadanos de la periferia de nuestra ciudad.