Evita en la memoria

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26, Julio 2020

Evita en la memoria

Por Juan Carlos Giuliani

El 26 de julio de 1952, a los 33 años, muere María Eva Duarte de Perón. Simplemente Evita, la abanderada de los humildes. Símbolo de la lucha antioligárquica y promotora insobornable de la Justicia Social. A 68 años de su muerte queda su el ejemplo de su entrega como referencia insoslayable para los que denuncian y combaten el ajuste, la pobreza, el saqueo y la dependencia de nuestra Nación.

Su cuerpo fue embalsamado y mantenido en exposición en la CGT hasta que un golpe militar -la “Revolución Fusiladora”- destituyó a Perón en 1955. Luego, el cuerpo fue robado, vejado y enterrado en Italia.

El general Pedro Eugenio Aramburu -uno de los cabecillas junto al almirante Isaac Francisco Rojas de la contrarrevolución oligárquica, ajusticiado en 1970 por Montoneros- ordenó la profanación del lugar donde descansaban los restos de Evita y la posterior desaparición de los mismos para quitarle al pueblo hasta el último vestigio material de quien fuera su abanderada.

Fue el agravio por el que protestaron los “descamisados” de la Patria durante 16 años, un período en el que el paradero del cuerpo de Eva permaneció en el misterio para el pueblo trabajador.

En 1971 fue trasladado a España, hasta que el 17 de noviembre de 1974 su cuerpo fue regresado definitivamente a Buenos Aires. Un mes antes, el 15 de octubre, Montoneros secuestró el cadáver de Aramburu del Cementerio de la Recoleta para exigir la repatriación de los restos de Eva. Isabel accedió al canje y dispuso el traslado que se concretó el Día del Militante para ubicarlo en la Quinta de Olivos. Recién en octubre de 1976, durante la dictadura genocida, fue depositada en la Bóveda de la familia Duarte en la Recoleta.

La fuerza de su presencia en la escena nacional durante un puñado de años quedó grabada en la memoria colectiva. Fue implacable con los alcahuetes y vendepatria. Transgredió los límites de la democracia formal para zambullirse en los brazos de su pueblo sin intermediarios.

En esta era donde emerge con tanta fuerza la “Ola Verde” para darle nuevos significados libertarios a la lucha política y social en nuestro país, no está de más recordar la palabras de Evita: “De nada valdría un Movimiento Femenino en un mundo sin Justicia Social”.

La disyuntiva sigue siendo Liberación o Dependencia. Su inolvidable frase: “Nuestra Patria dejará de ser Colonia, o la Bandera flameará sobre sus ruinas”, hoy tiene más vigencia que nunca, cuando el pueblo argentino se ve sometido por la crisis brutal dejada por el Gobierno de Macri, las tribulaciones de la pandemia por el COVID-19 y el peso de una Deuda Externa que hipoteca el futuro de generaciones de argentinos.

“La historia me absolverá”

Un año después de la muerte de Evita, el 26 de julio de 1953, un grupo de jóvenes al mando de Fidel Castro asaltó el Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, como parte de una acción armada con el fin de derrocar al dictador Fulgencio Batista.

El movimiento se completó con el ataque al cuartel Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo y fue rápidamente derrotado.

Durante el juicio a los atacantes, Fidel se haría conocido en todo el país al autodefenderse poniendo en evidencia las torturas ejecutadas por la tiranía.

Su alegato pasó a la posteridad como “La Historia me absolverá”.

Fidel murió el 25 de noviembre de 2016 y la Revolución Cubana cumplió 61 años pese al bloqueo y sabotaje del Imperialismo norteamericano y sigue siendo el faro que nos guía.

Los trabajadores no olvidamos a Evita, recogeremos su nombre para llevarlo como bandera de victoria cumpliendo con su apotegma: “Donde existe una necesidad nace un derecho”.

Y nos nutrimos del pensamiento revolucionario de Fidel para seguir dando la batalla de ideas por un mundo donde quepan todos los mundos.

Todo está guardado en la memoria.

Fuente: www.resumenlatinoamericano.org