Argentina se encamina hacia un nuevo ciclo de las commodities

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14, Enero 2021

Argentina se encamina hacia un nuevo ciclo de las commodities

Por Jorge Falcone

Visto el incremento en la cotización mundial de la soja (mientras se escribe esta nota, 505.06 Dls. la tonelada), y considerando que lo que durante la década supuestamente ganada se denominó el “viento de cola” de la economía nacional posibilitó generar políticas de “inclusión social” a expensas la comercialización de dicha oleaginosa, parece necesario detenerse a analizar qué panorama depara a nuestro país la circunstancia descripta.

Corresponde aclarar, en principio, que se llama commodities a los bienes básicos, aquellos productos que se destinan para uso comercial, y que tienen como característica más relevante no contar con ningún valor agregado, ya que se encuentran sin procesar o no poseen ninguna característica diferenciadora con respecto a los demás productos que encontramos en el mercado, por lo que se utilizan como materias primas para elaborar otro tipo de bienes.

El mercado de commodities nació a mediados del siglo XVII en Chicago, gracias a los agricultores de ese lugar que hacían negocios de sus cosechas con diferentes clientes. Pasado algún tiempo, los mismos agricultores siguen haciendo sus transacciones, pero ahora las realizan antes de cosechar y a través de grandes  intermediarios, de manera que negocian sus productos en base a los precios futuros de los bienes, además de fijar hasta una fecha de entrega de los mismos, firmando un contrato.

Oportunamente, el boom de la soja permitió a nuestro país sortear la brutal crisis de finales de 2001, aquella del corralito financiero que derivó en la rebelión popular conocida como “Argentinazo”, que dejara un saldo de alrededor de 38 muertos y la huida del presidente Fernando de la Rúa.

Dicha oleaginosa, que ha venido representando más del 50% del grano producido en nuestro país y más del 25% de sus exportaciones, aportó en mano al Gobierno de Néstor Kirchner más de 250 millones de dólares mensuales (175 millones de euros). Constituyó pues la caja chica de aquel Presidente, que dispuso de ese dinero para costear subsidios públicos, planes sociales, ayudas a sectores y políticos aliados. En total, gracias al porcentaje del valor de las exportaciones de soja y otros productos agrícolas que el Ejecutivo recaudaba, Kirchner y su esposa, Cristina Fernández, la senadora, dos veces Presidente, y actual Vice, contaron con unos 420 millones de euros por mes para consolidar su popularidad. Óscar Crocensi, por entonces Vicepresidente de la Asociación de Cooperativas Argentinas, sostenía que la soja era para los Kirchner lo que el petróleo para Chávez.

El actual Presidente argentino se considera un discípulo dilecto de Néstor Kirchner, al punto de sentir que Macri lo metió en el túnel de tiempo devolviéndolo  a la época de su mentor. Si esta sensación se convierte en una hipótesis para su gobierno, puede que aparezca un sinnúmero de problemas, ya que el 2003 se diferencia en sumo grado del momento en que le tocó asumir. Por dar un par de ejemplos, el superávit fiscal y comercial que dejara Eduardo Duhalde hoy está ausente, y con Néstor no había inflación, más bien empezó a generarse. Al punto de que el periodista de Clarín Carlos De Elia, llegó a expresar “Fernández es un Néstor sin soja“.

Pues hete aquí que dicho escenario ha cambiado, y a la postergación del pago de una deuda centenaria, así como al esperanzador arribo de las vacunas contra el COVID-19, se les suma ahora una nueva cotización favorable de ese cultivo que desde la década del 90 viene convirtiendo en un desierto verde a gran parte del territorio nacional, y extendiendo violentamente la frontera agropecuaria en perjuicio de numerosas comunidades originarias.

Como ya es de dominio público, el Ministro de Agricultura Luis Basterra acaba de  reunirse con la cadena de valor del maíz, tras lo cual decidió dar marcha atrás con las exportaciones de ese cereal previstas para enero y febrero, y también dar de baja el cupo máximo previsto de 30.000 toneladas, para contener los precios de productos cárnicos cuyo ganado consume alimento balanceado. A cambio de ese gesto consiguió levantar el lock out que mantuvieron durante casi tres días las patronales del campo: Así se gobierna la Argentina, y ese es el límite que los poderosos imponen a los gobiernos débiles, que no confían en -ni movilizan a- sus pueblos.

Cabe destacar que, por primera vez en 20 años, hasta setiembre/octubre 2019 se produjo en nuestro país más maíz que soja. De 50.000.000 de toneladas cosechadas, el gobierno pretendía que se exportaran 38.000.000, recomendando que el resto quedara para consumo interno. Descontada la retención, el precio del maíz aumentó en el último año un 96% (!) Para más dato, no todos los costos del productor están atados al valor dólar (los peones rurales, por ejemplo, están lejos de percibir su salario en dólares) La soja, en tanto, aumentaba el 105 % (!!)

A la luz de las medidas adoptadas por el oficialismo queda nítidamente claro quién tiene la manija de la economía y quién acata sus aprietes.

Esta es la lógica que defienden los “libertarios” como Espert o Milei. Pero que nadie se confunda: Libertarios sin verso fueron José Font (“Facón Grande”), Severino Di Giovanni o Kurt Wilkens.

En consecuencia, ¿quién cuestiona hoy las rentas descriptas? Nadie -al menos en voz alta- dentro de la coalición gobernante, ni en el seno de las organizaciones sociales que mantienen un pie dentro del Estado (para crecer repartiendo bolsones) y otro fuera (por si la calle pierde la paciencia)

Esta lógica perdidosa ya se puso en práctica cuando durante la gestión anterior la Sociedad Rural colocó a un hombre suyo en la cartera de Agricultura, y está a la vista hacia dónde nos condujo: 26.000 PYMES quebradas, 100.000 empleos industriales menos, y hasta las 500 empresas más grandes perjudicadas (120 quebraron) ¿Apostará entonces el Frente de Todos por reintentar el modelo que fracasó con Macri?

En tal caso, el único saldo positivo del año que comienza, para quienes no tienen más remedio que depender de planes sociales será con suerte recibir en diciembre cajitas navideñas del Ministerio de Desarrollo Social no ya con genéricos pan dulces “venecianos” sino con algún otro de marca (¡ojalá sea el de Plaza Mayor!)

Frente a semejante perspectiva, ¿en qué foro se debate hoy un Proyecto Nacional?

El periodista y educador popular uruguayo Raúl Zibechi sostiene que las urgencias y el pragmatismo demolieron al pensamiento crítico.

Por ende, vale interrogarse – aunque se sospeche la respuesta -, si sigue siendo el peronismo aquel “hecho maldito del país burgués”… o más bien se ha transformado en el Partido de Estado garante de la gobernabilidad burguesa.

Alguna vez expresó John William Cooke que “el peronismo no desaparecerá por sustitución sino por superación dialéctica, es decir, no negándoselo sino integrándolo en una nueva síntesis”.

Tiene la palabra “el subsuelo de la Patria sublevado”. Si aún existe.

Fuente: La Gomera de David