Cuando el canto y la gente necesaria van de la mano

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28 Octubre, 2019

POETA DEL VIENTO

Cuando el canto y la gente necesaria van de la mano

Miguel Ángel “El Negro” Toledo es de esos poetas, cantores, músicos entrañables…que se hacen carne con la realidad que sucede diariamente en las calles de la ciudad, pero no en las calles céntricas sino en el transcurrir cotidiano de las barriadas populares olvidadas. Cultor del cancionero popular. Hombre sabio y comprometido con el tiempo que le toca vivir. 

Por Julia Giuliani

Fotos Daniel Ramonell

Cantor de sus propios versos es una persona destacada de la música de Río Cuarto. Fue declarado “Ciudadano Ilustre” porque su trayectoria no es sólo desde la cultura popular, sino desde su militancia y compromiso. El “Negro” alguna vez ha dicho: “Yo he sido un chico de barrio que se animó a ponerle melodía a lo que pensaba, y eso es algo que me acompañó toda la vida. Siempre he visto tipos silbando o cantando mientras trabajaban solos en el campo, y creo que se hace para llenar el silencio o es el silencio mismo que invita a la música. Es simplemente una cultura de resistencia y de armonización con el entorno”. 

 

  • ¿Qué hay de aquel “Negro” Revelación en los 70`en Cosquín a hoy? ¿Qué cambió?

 

-A mí me gustaba tocar la guitarra y la guitarra siempre te arrimaba a los boliches. Yo sabía ir al gremio de los trabajadores rurales y estibadores, que después trabajé de los 20 hasta los 25 años. Vivíamos de las tareas rurales, todo lo que producía el campo nosotros laburamos con eso, y bueno después empecé a cantar, hasta que se me dio eso de ser Revelación del Festival Nacional del Folklore en Cosquín. De ahí, es como si hubiera accedido a otro estamento del conocimiento y de cómo se comporta la sociedad, sino viste, siempre la llevaba armónicamente, vivíamos con conocimiento y con sentimiento de clase, viste, no nos juntábamos casi con los otros, no sé por qué (se ríe). Mejor dicho, sí sé por qué, de todos modos, con el correr de los años eso se ha ido limando, ya la muchachada se reúne, el barrio ahí es nuestro, punto. 

Después de lo de Cosquín, me fui a cantar a varios lugares del país, anduve entretenido con eso, pensando en que, a lo mejor, que se yo, viste como es la cuestión de los aplausos, las luces, el creer poder llegar a un estamento económico mejor, pero me ocurrió que ya era un tipo que tenía 25 años, y venia laburando de los 13, entonces uno tiene otra cabeza. Descubrí otro mundo con otro tipo de abrazos, mayormente falsos, en esta profesión de querer serrucharse el piso, que hay buena gente, la hay… Y la política siempre estuvo cercana, tenía amigos que militaban, yo era delegado gremial porque tenía la suerte de saber leer, éramos 120 y 20, los más jóvenes, habíamos aprendido a leer y a escribir. 

A los 20 años relata Toledo, “ese país de los años 70 no tiene nada que ver con este país. Para mí, el proceso es como una larva que recorre la historia de las personas, de la sociedad. Pero en el lugar donde yo estaba, en definitiva, casi siempre cosechabas lo que te iban tirando. La famosa copa de bienestar quiere decir el derrame, es una cosa viejísima como el capitalismo. Si sobra algo hay para los guasos, y si no hay nada, no hay nada. No sé si cuando uno es joven vive muy plenamente todo, vive apasionadamente todo, debe ser por la juventud, entonces yo en ese tiempo estaba imbuido por amores, por pasiones, por ganas y estás atado, la mayoría de las veces, por laburo que te tiene que ayudar a sobrevivir. Yo pertenezco a una familia que si no laburabas no podíamos llevar esa pequeña tribu, digamos, a llegar a fin de mes ni a ninguna parte. Mi padre y mi madre habían conformado una comunidad, que éramos nosotros, los hijos, éramos un equipo de laburo. 

Y era la única manera de sobrevivir, después cuando yo salí de la primaria, empecé a trabajar en una fábrica de queso, como obrero. Me acuerdo siempre, comparando con los tiempos que vinieron después, la palabra obrero, era una cuestión muy de orgullo, ser un obrero. Y usábamos esas camisas de ombú, raro el que la tenía, porque casi siempre estábamos vestidos con hilachas porque laburábamos en la fábrica de mosaicos, las chicas eran sirvientas, y del barrio cruzábamos las vías y nos íbamos al centro de mi pueblo a trabajar en alguna fábrica”.

El “Negro” Toledo nos va contando con el pucho en la mano y perdiendo la vista en el horizonte, como si volviera un poco a esos años en donde la palabra solidaridad era una cotidianeidad: “Es la peripecia de las necesidades que hacen que las personas se reúnan. Porque si no te quedas solo como un perro, y ahí es donde sos una víctima más de este proceso”, dice convencido.

El canto y la guitarra nació un poco por mi abuelo, y también del barrio, éramos un barrio de cantores, me di cuenta de eso cuando fui a vivir a la ciudad, si había un guaso que andaba silbando seguro que era de un pueblo

 

 

  • ¿Cómo ves la sociedad hoy y en este hoy cómo es la relación con los tuyos?

 

-Éramos muy alegres, dentro de toda esa incertidumbre, no teníamos el compromiso de saber cuánto vale el dólar, si se explotó la refinería en Irak, si la Bolsa se fue, la única bolsa que conocíamos era la bolsa de maíz que cargábamos al hombro y el viejo de la bolsa (se ríe). Así que, en ese aspecto, yo creo que teníamos muchas más posibilidades de ser felices. Después ya no, con los medios de comunicación metidos en tu casa, siempre tirándote cosas que nunca alcanzarás, la sociedad de consumo siempre rompiéndote las pelotas que si no tenés determinadas cosas, al final no sos nada. Y que ese orgullo de ser obrero en la década del 60, pasamos a fines de la década del 70 con una publicidad que te decía que si eras un obrero no eras un triunfador de nada. Eso que el compañero Macri publicitó tanto la cuestión de la meritocracia. Entonces ser obrero un poco te enseña a avergonzar a las personas, mayormente a la gente del barrio como nosotros: Yo nunca perdí de vista eso porque tenía a mi vieja, a mi viejo, a mis hermanos, nunca me salí de esa historia, y nunca me embobó las otras historias que vos tenes que tener, vos tenés que poder, yo lo que tengo que poder hacer es ser feliz en la vida, vivir armónicamente con el resto, entonces le di bola a eso, y me ayudó mucho el nacimiento de mis hijos. 

Cuando nació el gordo, y el médico me dijo: “Me parece que este chico es mogólico”, me pareció un doctor muy cobarde, se fue y no dijo más nada. Y a la noche otros doctores me dijeron: “Che Toledo, pasa esto…”. Bueno, como yo no sabía nada sobre el Síndrome, agarré y llamé a Daniel García y Leonel Gioda, que ellos tenían un chiquito Down. Nos pusimos  a conversar, me pusieron una idea en la cabeza y sobre esa laburé mucho, sobre esa idea sobreviví a eso, y sobreviví bien, y te das cuenta del acontecimiento de un hijo que nace, que es otro hijo, es eso, y que se yo, la cantidad de preguntas que se hace, desde la cuestión de la religiosidad o la no religiosidad, decir es un castigo, o es una bendición, es un angelito, es un sacrificio, no es ni una cosa ni la otra, es un hijo que tiene sus inconvenientes como pueden tener inconvenientes los otros hijos que no tienen Síndrome de Down. Con la ventaja de que ellos te presentan un mundo que nosotros deberíamos estar más cerca para poder ser felices. Tenemos que simplificar algunas estupideces que tenemos en la cabeza para lograr ser felices, vivir plenamente, dentro de nuestras posibilidades la vida que nos toca. Y Nahuel es una persona que te ofrece eso, siempre, yo he aprendido mucho del gordo, precisamente por eso, uno se da cuenta que hay un montón de cosas que creía que sabía y ahí te das cuenta que no sabes un carajo. Después bueno, la inclusión del gordo ha sido lo que se puede esperar de una sociedad que se mira el pupo, las sociedades consumistas nos miramos a nosotros mismos somos muy individualistas. Solos, tristes, secos, sin laburo, endeudados, que nos llevamos al hombro a nosotros mismos, y eso es precisamente por la desculturalización que hemos sufrido. 

 

  • ¿Qué opinión te merece la música popular de hoy?

 

Yo creo que ha ido derivando al sálvese quien pueda y como pueda, aparte con el golpe del 76, las consecuencias de eso han sido terribles y se ven permanentemente. Hubo un corte muy profundo en la cultura, veo a los chicos, de muy buena intensión y muy buenos músicos, y estudiosos, nada que ver con la música que hacíamos nosotros que era música de boliche, pero el desplazamiento que sufrió se lo ve en su canto. 

Pero yo veo que los chicos hoy en día, mayormente en la música folclórica, están buceando en un mundo que ellos no han visto, y eso yo se los valoro mucho, a quienes bucean en serio. Valoro mucho la búsqueda que hacen porque están trabajando sobre relatos o cuentos o fotocopias lo que fue alguna vez la conformación cultural de la década del 60, que para mí fue un pico en la cultura del país que no se volvió a repetir. Y está a la vista porque en la década del 60, tuvimos los mejores poetas populares, los más grandes, los mejores cantores, los mejores gremialistas, la carrera de Tosco, por ejemplo, ese compromiso del pueblo cuando hacia un paro y los poetas y cantores eran fruto de esa sociedad que avanzaba permanentemente. No al pedo fue el golpe del 76. Entonces hoy anda todo el mundo buscándose la raíz. Y bueno, me parece que tratan de sobrevivir los chicos. Uno de los últimos que conocí fue el “Negro” Granados. Está Jorge Jewsbery…Hay chicos que están en el Conservatorio, que ellos viven de ese laburo de la música, de cantar y demás, pero sino no, yo me acuerdo en la época de los 60 y 70 se ganaba cantando un buen sueldo, si vos te preocupabas.

Ahora terminas a la gorra. A la gorra la entrada, a la gorra a la salida, si yo quiero te dejo unos mangos y sino no. A ninguna otra profesión le podés hacer eso, andá decirle a un médico eso. Pero bueno, estamos en esa historia, y yo creo que hay muchos cantores nuevos y muchos poetas nuevos, he ido al Encuentro de Poetas en Cosquín y hay muy buenos poetas, es otra escritura y es lógico que lo sea. Lo que yo canto y escribo, no existe más. Yo porque vivo de ese recuerdo y por ahí bueno, voy y cuento cosas, pero concretamente ese campo que yo describí dejó de existir a comienzos de los ochenta. 

  • ¿Por qué crees que esos cantores cordobeses que tienen un contenido rico en las letras y en las formas, como el “Chango” Rodríguez, están olvidados? 

 

-Uno de los propósitos de la globalización fue romper fronteras, que fuéramos ciudadanos universales y eso paso en lo micro. Yo me di cuenta cuando fui a vivir a Buenos Aires, sabía ir a Loma del Mirador a cantar porque había unos santiagueños que eran amigos míos. Vivian llorando esos locos, entre dos avenidas inmensas, entre rancherío, entonces yo le cantaba una que le nombraba los caballos y se largaban a llorar los guasos porque ahí lo único que veían eran ómnibus que iban y venían. Eso de llorar sobre lo que nunca fuiste porque el desarraigo es eso, añorás lo que nunca fuiste porque te fuiste y lo que nunca vas a ser porque el que está ahí adelante, del otro lado, siempre va a ser un sirviente, un peón de albañil, nunca va a ser como los otros. Ese es uno de los propósitos de la globalización, sacarte de tu lugar, después son parias, te hacen votar por una bolsita con arroz. Ahora bueno, estamos en un punto límite, pero no es la primera vez que lo estamos. Y eso es lo que me re embola, haber llegado a estas instancias de nuevo. Para colmo, estaba leyendo una cosa que escribí en el 2000, pero mira está exactamente igual, yo a esa nota le puedo cambiar el nombre, pero no el contenido. 

 

  • Negro, estos cuatro años han sido duros, desde lo económico, lo social, lo político, pero también desde lo cultural… ¿te inspiró a componer más?

 

-Yo creo que si nos vamos a reparar de esto cuatro años, ahora todo va cambiando, los conceptos, de alguna manera va cambiar, así como se cambió la tecnología y demás, los jóvenes buscan los recursos, los van teniendo. Ahora te la debo, esta transición a algún lugar que nos deje más o menos cerca, va a costar. Estos ladrones tienen la misma política que la Conquista del Desierto. No dejan nada. Son terribles y lo peor que lo hacen en nombre de la palabra “cambio”, “transparencia”, “honestidad”. ¿Qué puede pensar un pibe de 15, 18 años, cuando habla el Presidente de honestidad? Le va a echar la culpa a los otros de corruptos, se le arma un quilombo en la cabeza. 

19-Sept.-2019. Entrevista a Miguel Ángel Toledo, músico y poeta, ciudad de Río Cuarto, Córdoba, Argentina.
(Foto/Daniel Ramonell)

Yo nunca fui un tipo de un escribir alegre, no sé por qué porque en definitiva, personalmente no me ha ido mal en la vida. Yo logré entender algunas cosas que tenía y que te pueden hacer feliz, sin necesidad de tener, acceder. Pero viste, no a todos les pasa eso. Siempre traté de escribir sobre las cosas que conozco. Y eso es lo que canto. Yo hablo de pueblos chicos, de cómo vive el desocupado, de cómo es vivir debajo de un par de latas, de eso hablo yo. Entonces, hago la comparación, cómo viven millones de tipos al versas asqueroso de lo inexistente. 

El “Negro” Toledo nutre su canto de dignidad que nos lleva a quienes tenemos la dicha de tenerlo ahisito nomás, siempre cerquita, acompañando causas nobles, en marchas, ollas populares, asambleas, luchas obreras y estudiantiles. Ahí siempre estará el “Negro” empuñando su guitarra y cantando verdades y desparramando esperanzas. Lo mismo ocurre en “La Peña del Abrazo”, organizada por la Granja Siquem. Nuestro cantor ha dicho más de una vez sobre Siquem: “Aquí en Siquem donde la vida se olvidó de olvidarme, he renacido…”, y es que el “Negro” retumba su canto en ese lugar de encuentro y de abrazos ante tiempos de desazón. 

El Negro Toledo, esa gente necesaria, que devuelve la copla al viento hecha canción.