Cuando preguntaban “¿y vos que hiciste para que te pegara?”

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30 Octubre, 2019

LO QUE VES

Cuando preguntaban “¿y vos que hiciste para que te pegara?”

La serie televisiva “Monzón” fue considerada una polémica biopic sobre un femicida. Esto fue antes que saliera a la luz. Hoy puede considerarse una mirada analítica y comprometida de la sociedad, usando a Monzón como canal para hablar de una problemática que está más presente que nunca: la violencia contra la mujer.

Por Gabriel Marclé

Quienes se dispongan a leer este material entiendan que no se dedicará a repasar la serie “Monzón” desde el a veces frío análisis de sus cualidades técnicas, ni tratara de hacer una sinopsis de lo que encontrará. La búsqueda es plantear el contexto en el cuál la televisión emite un producto de este tipo.

Tiempo atrás se daba a conocer que la cadena Space se encontraba produciendo una serie biográfica que retrataría la vida de Carlos Monzón, el ya fallecido campeón de boxeo. Pero, ¿cómo se puede hacer una obra que rememore los logros de una bestia, un golpeador de mujeres, un femicida? Sin embargo, el visionado del producto final y el análisis de los temas que toca hacen ver lo lejos que está de mostrarlo como “el campeón del mundo” que recuerdan quienes eligen ponderar sus logros por sobre sus fallas.

Para los que no conocen su historia, Monzón fue declarado culpable del asesinato de quien era su esposa, Alicia Muniz. La mujer tenía 33 años, su relación con el boxeador era tóxica y llena de violencia. Ella fue víctima de ataques perpetrados por Monzón, culminando todo en la fatídica noche del 14 de febrero de 1988, cuando este le quitó la vida. Ocurrió el Día de San Valentín. El día de los enamorados.

El asesinato de Alicia fue un punto de inflexión para la forma de ver casos como el suyo, en especial desde el punto de vista mediático. A la justicia se le asignaba un rol clave tras enjuiciar y condenar a un personaje tan querido como lo era Monzón, pero fue esa misma justica la que consideraba realizar el juicio en un estadio y con público para transmitir el hecho en la televisión internacional.

Los programas de radio y televisión, los diarios y revistas, dedicaban un porcentaje mayoritario a hablar del tema. Se armaban mesas de debate -al mejor estilo TV actual- donde un tal Bernardo Neustadt se mostraba estremecido y mantenía un discurso más cercano a la de las víctimas. Si eso pasaba, ¿por qué no se siguió avanzando?

La víctima mujer -aquí representadas por las mujeres de la vida de Monzón-, puesta en el lugar de “loca/inestable que siempre busca algo”, es la que motiva el camino que recorre la serie “Monzón”, de Jesús Braceras.

El quiebre que parecía real y duradero fue quedándose en la nada, pasando a ser un “caso mediático” más que una historia cruda y real de la violencia contra la mujer. “¿Y vos qué hiciste para que te pegara?”, le preguntaba Susana Giménez a otra famosa mujer víctima de violencia, en televisión abierta y horario central. Justamente ella, también pareja del ex boxeador, se encargaba de poner a la mujer como “disparador” de la violencia que sufría. Ese mensaje continuó su reproducción, quizá desde la ignorancia o la falta de contacto con la realidad que la misma Susana tenía.

El recorrido entre el pasado, por los comienzos de la carrera del boxeador, y el presente ubicado en el asesinato de Muniz, marcan un juego de conexión entre las huellas que terminaron en ese Monzón femicida. Todo estaba ahí, “como no lo vi antes” se pregunta el personaje de Soledad Silveyra, interpretando a la mamá de Alicia. Cómo allí, los diálogos en la serie logran ubicarse en el día a día de la sociedad en general, con frases antes escuchadas y momentos ya vividos. Sin embargo, con la realidad frente a los ojos de todos, las mujeres siguen muriendo a manos de un hombre.

En la serie se habla de “femicidio” sin usar la palabra, ya que por aquel entonces la justicia no contemplaba dicha figura. Hoy, después de mucha lucha, si se habla de femicidios. Lo que por aquel entonces fue un drama doméstico, hoy es un mal de todos los días, uno que no discrimina. Solo basta ser mujer al lado de un hombre dominante como para que las chances de terminar golpeada, abusada o asesinada se multipliquen.

Allí es donde “Monzón” comunica de manera contundente, con escenas que no buscan el morbo del “cómo fue” sino la crudeza del acto en sí. Esto se ve con mayor fuerza en el capítulo final, la representación de las últimas 24 horas de vida de Alicia Muniz, con la fuerza de hechos que no pueden más que estremecer al espectador y dejarlo con un nudo en la garganta muy difícil de quitar.

¿Es eso lo que buscaban? ¿El efecto corto del llanto y el golpe bajo? No. Uno estima que lo buscado es el generar un el canal de reflexión, de volver sobre las acciones propias y ajenas, de contribuir a que no caigan las banderas que se alzan en defensa de la mujer sólo por aquellas pocas voces retrógradas que hablan de “lo mal que le hace a la sociedad la lucha feminista”.

Pero también buscan ponernos en el lugar de la historia en el que nos encontramos, es un mundo que ya quedó viejo frente a la actualidad, pero entendiendo que 31 años después del asesinato de Alicia los cuerpos de mujeres “siguen apareciendo” -en referencia a cómo titulan aun hoy los medios de comunicación-, la justicia sigue formando parte del show mediático, las madres y los padres siguen llorando absortos e impotentes por lo que no pudieron ver antes, las mujeres golpeadas siguen sin tener respuestas firmes de la policía que las manda de vuelta a casa con su victimario porque “no pueden certificar debidamente que son víctimas de violencia”.

¿Qué paso que seguimos atrapados en la misma época? “Campeón del mundo y femicida”, se lee en la placa colocada por el grupo artístico “Les Subfluviales” sobre el monumento al boxeador en Santa Fe capital. El hoy nos encuentra más despiertos, más alertas, y esperemos que también más activos.