El cine sigue siendo del capital

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16 Junio, 2019

MATERIAL SENSIBLE

El cine sigue siendo del capital

Hollywood sigue invicto frente a la industria cinematográfica nacional: cuenta con los medios para quedarse con tres cuartas partes de la recaudación a nivel nacional. “Sin lugar para los débiles”, ni políticas de Estado que ayuden

Por Gabriel Marclé

“Avengers Endgame” y su estreno constituyeron un hito, no solamente por su taquilla récord, sino por hacernos testigos del más crudo proceso de mercantilización en el cine. El 80% de las salas en Argentina estrenaron la película, que en su primer fin de semana generó más del 90% de la recaudación total en el país. Días después, usuarios en las redes manifestaban su felicidad con el gran logro de recaudación de la peli, superando entre otras películas a “Titanic” y “Avatar”.

Así mismo, las expresiones de tuiteros y bloggers se encargaron de generar otra de las tantas “grietas” existentes en el debate de redes, donde trasladado a la sociedad hace de todo un enfrentamiento de bandos. El comunicado del Colectivo de Cineastas Argentinos, en el cual se ponía de manifiesto la preocupación por la falta de diversidad en las salas de cine, provocaron el rechazo del público “mainstream”, constante consumidor de lo “popular” –entendido como lo más publicitado- en materia cinematográfica. Pareciera como que el popular héroe de los Avengers, el Capitán América –pintado con los colores de Estados Unidos- hubiera poseído a todos los que vieron su película y la posicionaron por encima de cualquier otra obra.

En medio del ring tuitero, y en respuestas a la publicación del Colectivo de Cineastas, podían encontrarse las siguientes frases:

Esta forma de entender la concepción de “gustos” y “calidad” radicaría principalmente en otro de los polarizadores ejes de discusión: lo “nacional” contra “Hollywood”. Pero ¿Quién o qué insta ese grado de separación y discusión? Para el Programador del Centro Cultural Leonardo Favio –uno de los pocos espacios alternativos de la ciudad-, Gastón Molayoli, “la culpa no es del público”.

“El que va a ver una película está buscando sentir placer, sentirse estimulado perceptiva, intelectual o sensorialmente o simplemente lo vive como otro modo de conocimiento. Yo defiendo el cine argentino no porque sea argentino, sino porque en su mayoría es bueno y debe ser una de las mejores cinematografías del mundo. No es una cuestión de patriotismo. El tema es que nos formatearon para disfrutar del segundo y no del primero, es decir, nos para que sintamos placer sólo con una parte mínima del cine que se produce en el mundo”, explica desde su punto de vista.

Por otro lado, el productor, docente y responsable de metropoliscine.com.ar, Marcos Altamirano, elige una cita del reconocido crítico cordobés Roger Koza para definir su postura. “El cine argentino debe estar entre las cinco cinematografías más creativas del mundo”, dice y expresa que “el país tiene una cinematografía muy diversa y reconocida a nivel mundial, con géneros como el documental, que tiene al menos 700 producciones”, muchos de ellos con importante reconocimiento en Festivales, Muestras y otros circuitos regionales, nacionales e internacionales. “Esta producción documental constituye el 50% de la producción audiovisual anual a nivel nacional y se realiza con tan solo el 8% del Fondo de Fomento del INCAA”, agrega.

Resulta desconcertante que, a pesar del reconocimiento mundial del cine nacional, las voces críticas del eventual espectador de cine terminen echando por el piso una construcción de años, donde su lugar de consumidor vale solo por eso, un intercambio económico. Al parecer, quienes “destruyen” a las películas no son los críticos, sino cuántos espectadores paguen su entrada para verla.

La concentración

Según el informe de la distribuidora Cinetren, en 2018 las empresas distribuidoras Disney, UIP (Universal, Paramount y Sony), Warner y Fox, se quedaron con el 64% del mercado cinematográfico anual (64% en el primer trimestre, 53% en el segundo, 75% en el tercero y 64% en el cuarto). No solo eso, sino que en todo el país lograron una ocupación del 73%, con un total de funciones que ocupó el 75% del total.

Ese control del mercado los lleva a incluso exceder los límites de confianza con el espectador, uno que en la actualidad continúa peleando contra los avatares de la economía. Para darse una idea, con la antes citada “Avengers: Endgame”, los cines comenzaron con la pre-venta de entradas semanas antes avisando que durante el primer fin de semana no se aceptarían descuentos u ofertas, ni siquiera el beneficio de tarjetas que se abonan mensualmente para ver un determinado número de películas. Fueron por todo, en un país donde la entrada promedio ronda los 300 pesos. Así y todo, el público llegó en hordas y “objetivo cumplido”. De esta manera, el cine se transforma en algo que mantiene similitudes con tantos otros bienes materiales de la actualidad.

“Creo que sólo una parte del público lo puede pagar. El cine empezó siendo un arte popular, que vino a romper la lógica social de los grandes palacios que producían espectáculos para la burguesía o la aristocracia. Es decir, el cine, cuando nació, le perteneció a la clase obrera. Ahora es una experiencia exclusiva para la clase media-alta”, opina Molayoli, agregando que “la mayor rentabilidad del cine en la actualidad no viene de la entrada que el espectador paga sino de las golosinas y las bebidas que se compran antes y se consumen durante la función”.

(Foto/Daniel Ramonell)

¿Qué lugar queda a las producciones nacionales? Marcos Altamirano desarrolla el panorama actual de la taquilla y sus ribetes: “Es evidente que un estreno alternativo nacional o internacional, si no consigue recaudar, no va a permanecer en cartelera. O directamente ni la van a traer. Muchas veces nos encontramos con películas argentinas o de filmografías periféricas que las ubican en una franja horaria de las 16 hs, 18 hs, 20 hs. Imposible para que puedan asistir trabajadores, estudiantes y otrxs. En una ciudad con características muy diferentes a la de una gran urbe como Bs As o Córdoba Capital”.

La ley

Quizá lo más preocupante de este embrollo es la poca atención que se presta a las leyes que regulan la actividad, las únicas herramientas para hacer frente a lo foráneo que –como en casi todo el mundo- coloniza cada territorio que toca. Molayoli explica que en la actualidad existen dos leyes principales: la primera obliga a los complejos multipantalla a programar, cada cierta cantidad de películas, una película argentina. La segunda obliga a los mismos complejos a sostener esas películas si su promedio de espectadores supera cierto número, según la cantidad de butacas, de funciones y otras variables.

El problema de dichas regulaciones es el seguimiento que se hace de los complejos. “Ese control no existe, y eso hace que un porcentaje importante de las películas argentinas que se estrenan cada año tengan pocas pantallas o en algunos casos ninguna”, asegura el programador del Leonardo Favio.

Por su parte, Marcos Altamirano considera que “si el Estado no avanza con una decidida política en la distribución y exhibición, a través de medidas como una cuota de pantalla más amplia, y que esta se respete, topes a la cantidad de copias de exhibición para evitar la concentración, ampliación del sistema de Espacios INCAA a precios populares en los territorios sin oferta comercial como en las grandes ciudades; es muy difícil que se pueda revertir esta situación.”

En esta ecuación, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales cumple un rol fundamental, aunque los conocedores de la materia consideran que desde el cambio de autoridades en 2015 –con la llegada de Mauricio Macri a la presidencia de la Nación- se hizo cada vez más notorio el vínculo entre el ente público y grandes productoras.

Marcos Altamirano recupera los datos plasmados en un informe de Documentalistas de Argentina (DOCA). “En 2018 el INCAA liquidó la extraordinaria suma de $ 51.200.029 a una sola productora: PATAGONIK. PATAGONIK está integrada por Artear, Disney y Cinecolor –productoras de cada película nacional con Adrián Suar, Guillermo Francella o Ricardo Darín-, y generó $297.872.191 en taquilla, agenciándose además el 50%, $ 148.936.095, en concepto de recupero industrial. El INCAA le sumó a este monto subsidios por $ 51.200.029”, refleja el productor, explicando así que “mientras para todos los productores los subsidios son recupero de costos, para las películas de audiencia masiva, los subsidios pasan a ser ganancia”.

La explicación en estas prácticas siempre está en el dinero, qué producto lo genera más rápida y efectivamente. “Lo que van a decir los que defienden la desregulación, e indirectamente a cualquier práctica monopólica y autoritaria, es que en definitiva es “lo que el público quiere ver”. Ese argumento es clave, es el único que sostienen, pero también es falaz, porque es imposible saber qué es lo que el público quiere ver si durante décadas, de manera sistemática, lo bombardeaste con las mismas cosas, si no le diste opciones”, considera Gastón Molayoli.

El problema es que esta clase de irregularidades pasan completamente desapercibidas, y no es por una gran campaña mediática o teorías conspirativas, sino por el hecho de no entender el origen de las cosas. Es ir al cine, sentarse en la butaca, y ver lo que pasa en la película para luego tuitear sobre eso. No hay conciencia del proceso, ni de quienes se llevan lo recaudado, ni de cómo se distribuye, somos robots actuando a placer de quienes manejan los hilos. Y claro, si el cine es placer, y el placer debe estar libre de preocupaciones. Pero el trabajo de este desarrollo periodístico habrá culminado cuando al menos un lector piense más allá de la boletería, la sala de proyección y el ruido insoportable del pochoclo masticado.

Marcos Altamirano resume las preocupaciones de quienes piden por un plan urgente en materia de producción cinematográfica, y concluye que “un país sin desarrollo de la industria audiovisual significa menor diversidad, menores disidencias, menos cultura, más películas norteamericanas en nuestras salas y por ende menor independencia cultural y, también, menos trabajo en el sector”.