La Corita, el pequeño paraje misionero que fue bastión de los cigarrillos 43-70

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16, Enero 2019

NACIONALES

La Corita, el pequeño paraje misionero que fue bastión de los cigarrillos 43-70

Por Sergio Alvez*

Cuenta la historia que el nombre del pueblito surge de la existencia de una mujer llamada Cora, docente, esposa de un campero de apellido Zubizarreta, cuya estancia había sido bautizada con ese diminutivo: La Corita. Desde entonces (primeras décadas del siglo XX), aquella propiedad se volvió un punto de referencia para los viajantes, y no tardó en convertirse su nombre en la nomenclatura que distinguía a todo el paraje.

Situada a nueve kilómetros del radio urbano correspondiente al municipio de Santa María – al que pertenece – y a apenas 500 metros de las reducciones jesuíticas, La Corita es uno de los poblados más pequeños y pintorescos de la región sureña de nuestra provincia. Habitan aquí apenas 390 habitantes.

Llegar es sencillo: la principal vía de acceso es la ruta provincial 2, que conecta a La Corita al este con la localidad de Itacaruaré y al sudoeste con el acceso a Santa María y Concepción de la Sierra. Solo 4 kilómetros la separan del río Uruguay.

“Acá todavía vivimos sin rejas, sin cerco, de puertas abiertas y en total tranquilidad” reflejan los lugareños como uno de los rasgos distintivos del paraje, cuya historia tiene fuertes vinculaciones con lo que fuera la actividad de la entonces próspera tabacalera 43, otrora productora de los famosos cigarrillos 43 -70 .

Entre aquellos habitantes de La Corita que fueron testigos de los orígenes del paraje, una reminiscencia obligada es “Don Ite”, alias de Marcelino Díaz Roballos , cuyo padre fue uno de los primerísimos pobladores del lugar. “Yo nací en el llamado Paraje Ensanche Norte. Estuve ahí hasta los 3 años, hasta que mis padres llegaron a este lugar que luego se llamaría La Corita, donde viví toda la vida y donde seguramente voy a pasar el resto de lo que me quede por vivir” hace saber Don Ite.

“Mi papá era peón rural, mamá lo ayudaba. Acá era todo campo, tacuaral, monte, y nosotros fuimos la primera familia que pobló esta colonia. Llegamos en 1941 y en esa época solo había un campamento de la compañía Nobleza Piccardo. En esa época esta era una zona tabacalera, la compañía trabajaba muy fuerte en la zona” agrega el pionero, en alusión a la empresa Tabacalera 43, cuyo antiguo predio todavía conserva su llamativa entrada.

A la altura del kilómetro 38 de la ruta 2, muy cerca del acceso a La Corita, se avista la antigua fábrica de cigarrillos “43 70”, famosos cigarrillos negros que comenzaron a fabricarse en 1898. Se trata de un predio de varias hectáreas que hoy pertenece a un privado, y que comprende además una vivienda muy particular, de estilo inglés que fue construida a principios de la década del cuarenta. “En esa casa vivía don Rodolfo Carstensen, un danés que fue el primer gerente que tuvo la compañía, un hombre que administraba la empresa y que se hizo querer por los lugareños en la zona por su buen corazón y predisposición” evoca Don Ite exhibiendo un cuadro del hombre danés.
“Gracias a la compañía empezó a poblarse esta zona” acota Marcelino Díaz, quien supo ser durante años transportista de la empresa. “Se empezaba a producir tabaco y la compañía entregaba tierras a cambio de la producción de tabaco. Pro 500 kilos te daban un lote. Muchos todavía conservamos los boletos de compra venta de estas tierras que así fueron logradas” agrega.

La actividad tabacalera floreció durante unas décadas en La Corita, hasta que a principios de la década del ochenta declinó definitivamente.

Motivados por el mito de que en ese predio había oro enterrado, durante muchos años fue común el arribo de “buscadores de tesoro” que con pico y pala se internaban en el lugar a hacer excavaciones.

Fortunato Fracalosssi también es “nacido y criado” en La Corita. Entre sus recuerdos vívidos, menciona los tiempos en que el paraje era una suerte de pequeño condado sojero. “Entre finales de los setenta y los 80, acá todo el mundo plantab soja. Había muy buen precio y teníamos compradores. Muchos colonos se salvaron por esa época. Pero como todo, un día se terminó” recuerda Fortunato, quien hoy sigue valorando por sobre todas las cosas, el hecho de “saber perfectamente quienes son todos los que viven acá, y eso te da tranquilidad, por eso nunca pasa nada, no sabemos de robos ni nada de eso, se vive en paz”.

Por su parte don Díaz Roballos se acuerda de “un hombre de origen inglés que solía pasearse a caballo por La Corita y otros parajes vecinos. Era un hombre muy educado y distinguido, que gustaba de hacer largas cabalgatas, pero nadie sabía que era lo que estaba haciendo por acá. Se hospedaba en casa de una familia de Concepción de la Sierra. Luego supimos que fue Comandante de la Task Force Británica durante la Guerra de Malvinas”.
Otro lugareño recuerda a “el primer médico que tuvo esta zona”, un galeno brasileño llamado Lucas Montero. “Curaba con yuyos, sabía mucho y era un hombre muy generoso. Él salvó muchas vidas acá y en Concepción. Se lo podía ir a buscar a cualquier hora, nunca tenía problemas para venir” afirman.

La Corita cuenta actualmente con una escuela primaria y otra de nivel secundario. También existe un centro de atención primaria de la salud. En cuanto a los medios de subsistencia, el paraje se caracteriza por la producción de cultivos anuales a pequeña escala. “Todos producimos algo, aunque sea para vivir. Es una colonia rural donde la tierra todavía nos da de comer. Aunque también es cierto que a falta de trabajo muchos jóvenes se van y solo estamos quedando los más viejos, pero ya van a volver” aventura Don Ite.

*Periodista