La mosca como inquilina de la araña

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30, Abril 2021

La mosca como inquilina de la araña

Por Jorge Falcone

“En la Argentina vivimos en un escenario donde parece  que la discusión sobre la pandemia es excluyente, sin embargo, subrepticiamente, se viene desplegando otro virus que va deteriorando mes a mes los menguados ingresos del 80 % de la población y promete futuros estallidos (…) En marzo la inflación trepó al  4,8%, lo que redondea un 13% para el primer trimestre. Con esos números las metas inflacionarias proyectadas no van a ser cumplidas y sobre los bolsillos de los trabajadores  y jubilados se suma entonces todo lo que perdieron en los años de Macri, lo que perdieron en 2020 y lo que están perdiendo ahora. Lo que estuvo sucediendo en Chubut, donde los reclamos de los petroleros, docentes, trabajadores de la salud y otros confluyeron en cortes de ruta que paralizaron a buena parte de la Provincia es un anticipo de lo que vendrá”.

Guillermo Cieza; “Pandemia e inflación” (23/4/2021)

Según trascendiera en los últimos días, el Movimiento Evita trabaja con Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa (CCC), y otras organizaciones sociales que integran la Unión de Trabajadorxs de la Economía Popular, más otras organizaciones políticas de todo el país, para ir conformando “un espacio que exprese a los que hoy no representan ni la institucionalidad del Estado, ni la institucionalidad partidaria”.

Algunos de sus objetivos de máxima serían reemplazar los planes sociales por trabajo genuino, darle lugar a los que hoy no tienen voz en el Congreso, y en todos los lugares de decisión del Estado. Por ende, se trataría de un proceso gradual, sin apuro, aparentemente no dispuesto a confrontar con nadie, sino más bien destinado a apuntalar el proyecto de reconstrucción de la Argentina, donde el trabajo y la producción serían la base, y “donde nunca más nos peleemos con el campo”, según anuncian sus promotorxs.

La propuesta se podría concretar durante el año en curso, pero tampoco parecería haber urgencias o intención de forzar los tiempos de dicha construcción política.

Por lo demás, los impulsores de la iniciativa no descartan que ella reciba el aval del Papa Francisco.

Sin ir más lejos, casi en simultáneo con dicho anuncio,  Juan Grabois, líder del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) en la UTEP,  fue designado miembro del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano, considerado como el “ministerio social y ambiental” de la Santa Sede, aunque se aclaró que no será asesor del Sumo Pontífice ni tendrá vínculo de trabajo directo con él.

El joven dirigente social revistará en un área que nuclea los programas de aplicación de la encíclica “Laudato si” y en la comisión para la post pandemia. Tal designación fue inmediatamente respaldada por el Jefe de la Santa Sede.

Es justo destacar que la de este abogado de 37 años es la voz más crítica que se alza desde las organizaciones sociales afines al Gobierno, como lo demuestra la carta que el frente que integra dirigiera hace poco al Primer Mandatario, interpelándolo por la detención de militantes socioambientales en Andalgalá, en términos absolutamente compartibles: “Semejante abuso de poder es un verdadero calco de la lógica que Ud., nosotros y gran parte de la militancia del Frente de Todos enfrentamos durante el macrismo cuando denunciamos las detenciones arbitrarias, abusos policiales y maniobras judiciales contra dirigentes sociales y políticos ¿Cómo puede ser que ahora un gobierno del Frente de Todos reproduzca el mismo método? ¿Cómo puede ser que el principal partido de nuestro Frente avale semejante injusticia? ¿Cómo puede ser que se sostenga semejante silencio frente a una situación de tamaña gravedad? (…) Creemos que debemos replantearnos algunas formas de mal desarrollo frente a las que el Frente de Todos no pareciera tener una política clara. Además del gravísimo daño al ambiente que producen, se trata de modelos de saqueo en los que literalmente nos roban recursos mineros, agrícolas e ictícolas que se extraen de las venas abiertas de nuestra patria y terminan en las arcas de los países ricos en un pase de manos signado por el contrabando, la subdeclaración, la evasión y la elusión fiscal en perjuicio del pueblo argentino”. 

Poniendo de relieve el dramático momento que atraviesan los hogares más humildes, y a pesar de que la curva de contagios se resiste a descender, el movimiento que orienta Grabois acaba de movilizarse al Ministerio de Desarrollo Social en un contexto de suma agitación, bajo la consigna “La deuda es con los y las de abajo”, convergiendo así al mismo destino al que días antes se dirigiera la fracción oficialista del Frente Popular Darío Santillán que orienta la también referente de UTEP Dina Sánchez, para reclamar “una respuesta frente a la catástrofe que vivimos en los barrios y en el peor momento de la pandemia, hay trabajadorxs que cobraron 5400$ por ‘errores administrativos’. No se aguanta más”.

Cabe recordar además que, a diferencia de buena parte del gabinete de Alberto Fernández, y del propio presidente, los referentes de la UTEP – que acaba de definir sus autoridades provisionales – cuentan con un importante despliegue territorial, principalmente en el conurbano bonaerense.

Abundan datos que lo ratifican. El Movimiento Evita, por ejemplo, administra más de medio millón de planes sociales y asiste a unos 1.500 comedores y merenderos a lo largo y ancho del país.

Para mapear la realidad en cuestión basta con revisar el último informe del Plan Nacional Argentina Contra el Hambre, volcado en el Registro Nacional de Comedores y Merenderos (RENACOM) Allí se destaca que: “Hasta el momento, se han inscripto 13.865 lugares que dependen de organizaciones sociales en todo el país, la mayoría de ellas pertenecen a la provincia de Buenos Aires donde se registraron 3.684 comedores y 1.919 merenderos”.

Gran parte de esos lugares, donde se asiste a la personas de mayor vulnerabilidad, están bajo la órbita de las organizaciones sociales enroladas en la UTEP.

A esta altura corresponde refrescar que el 11 de marzo pasado, a través del Ministerio de Trabajo – a cargo de Claudio Moroni -, el Gobierno otorgó a la institución su “personería social”, un hecho que la dejó a un paso de la sindicalización, aunque esto continúe generando resistencias al interior de la CGT, en cuya cúpula aún prevalece un sindicalismo empresarial y acuerdista que teme perder capacidad de maniobra ante el ingreso de un sector que ya nuclea a 200.000 trabajadorxs informales.

En tanto, la central obrera acordó con las patronales empresarias un canallesco 35 % de incremento salarial en siete cuotas (!), con la complicidad de la CTA de los Trabajadores y el disenso de la CTA – Autónoma, cuyo gremio ATE INDEC acaba de señalar que el salario mínimo para una pareja con dos hijxs menores equivaldría a 92.928$, mientras que con la nueva suba, ese índice, que en marzo fue de $ 21.600 para los mensualizados o $ 108 la hora para los jornalizados, ascenderá en febrero del año próximo a $ 29.160 o $ 145,80 la hora. Por su parte, la Prestación por Desempleo, que hasta marzo fue de $ 6.000 la mínima y $ 10.000 la máxima, en febrero 2022 será de $ 8.100 y $ 13.500. Tales cifras huelgan abundar sobre el desamparo en que hoy se mueven quienes generan con su sacrificio cotidiano las riquezas de este país.

Volviendo a las organizaciones sociales oficialistas, es de dominio público que manejan planes de trabajo por $82 mil millones.

Es más, casi 10 mil millones de pesos destinados a repartir comida fueron canalizados a través de dichos nucleamientos. Algunos de esos programas – hoy disputados a su vez por las intendencias – son los que están destinados a llevar alimentos secos a comedores escolares, merenderos y desarrollos comunitarios como Sembrar Soberanía Alimentaria o Pro-Huerta.

Vale la pena consignar que, a diferencia de las organizaciones sociales afines al gobierno, en cuyo seno se reconoce al peronismo como norte de transformación, en las que integran el arco extra parlamentario y crítico de la democracia formal prevalece la confluencia de múltiples tradiciones de lucha (mayoritariamente nacionalistas, marxistas, o libertarias) remanentes de la derrota del proyecto revolucionario que recorrió la segunda mitad del Siglo XX.

De modo que, salvo en el seno del fenómeno que viene produciéndose al interior del Estado burgués, motorizado fundamentalmente por el Movimiento Evita y dispuesto a dar batalla electoral – si no resueltamente desde el peronismo propiamente dicho, sí al interior de la coalición gobernante -, la franja política, ideológica, y organizativa restante parecería mayoritariamente dispuesta a transitar el largo camino hacia el nuevo “ismo” que el pueblo sea capaz de generar al calor de su lucha.

A la luz de este escenario, y de cara al Día Internacional de lxs Trabajadorxs, tal vez resulte oportuno evocar la circunstancia abierta hace 47 años en Plaza de Mayo, cuando una generación resuelta a que el peronismo fuera revolucionario o no fuera nada interpeló públicamente al Líder, cuya airada respuesta inauguró la cacería de la militancia más rebelde conocida hasta la fecha.

Sabido es que en aquella ocasión, la mayor parte de Plaza de Mayo fue evacuada por el sector que pretendía promover cambios de fondo, mientras que el sector más funcional a las formalidades institucionales permaneció en su sitio, enarbolando la bandera de la “lealtad”. Entre ellxs, Néstor y Cristina Kirchner.

El resto es vox populi: Quienes se retiraron pasarían a ocupar en la historia contemporánea el lugar del Ángel Caído, y quienes se quedaron esgrimiendo “fidelidad a una doctrina”, el del Arcángel Gabriel. Muchxs de lxs primerxs hoy son pancartas que giran los jueves en torno a la pirámide de la misma plaza que aquella vez abandonaron, mientras que muchxs de lxs otrxs viajan en los charters presidenciales desde 1983 a la fecha.

Demasiada agua ha corrido bajo los puentes desde entonces, y en gran medida más que agua ha sido sangre.

Hoy no pocxs analistas del suceso en cuestión coinciden en que aquella fractura no sólo vació de perspectiva crítica al sector que se mantuvo apegado al General, bancando incluso sus desatinos, sino que contribuyó a acelerar el plan de los enemigos de la Nación, consistente en trasladar el centro de gravedad de la guerra civil bicentenaria y latente entre pueblo y oligarquía al interior del Movimiento Nacional.

Pese a que muchxs tienden a reducir dicha circunstancia a una mera interna del peronismo, ¿será demasiado osado buscar puntos de contacto entre esa y esta divisoria de aguas que amenaza con divorciar peligrosamente a sectores del movimiento social que lucharon codo a codo contra la depredación macrista, y cuyos caminos ahora parecerían bifurcarse por una parte hacia el intento de apuntalar una gobernabilidad democrática que ha probado sobradamente no alimentar, ni sanar ni educar, y por otra hacia la convicción de que el escenario global impone ensayar nuevos modos de concebir la representación de lo popular?

Es más, incluso haciendo caso omiso de la desconfianza lógica que en ese segundo espacio mayormente antisistémico produce la deriva de muchxs viejxs compañerxs de lucha, ¿cómo debería interpretarse el rumbo encarado, si no en el sentido de que es posible – supuestamente salvaguardando una vocación de cambio social – deconstruir a largo plazo y desde adentro el Estado burgués, ateniéndose a sus propias reglas y sin una hegemonía social que garantice dicha meta, lo que suena cuanto menos antidialéctico?

¿Se trataría pues de un desapercibido Caballo de Troya construido por sobrevivientes impolutxs de un genocidio que, simulando hasta ahora respetar el statu quo – dado que en su mayoría vienen abonando disciplinadamente el abandono “pandémico” de los espacios públicos -, un buen día se quitarían la máscara de la obediencia y, asomándose al balcón de la Casa Rosada nos convocarían a remontar el curso de una historia truncada desde el golpe institucional que destituyó a Héctor J. Cámpora?

Soñar continúa siendo gratuito, pero hacerlo despiertos bien puede ser cosa de incautxs.

Sobre todo cuando la decisión de un gobierno que vertebra su gestión en torno a cumplir con el FMI – y a sacar partido ahora de la emergencia sanitaria para justificar con el argumento del cuidado la restricción de protestas en la zona del AMBA, justo cuando la conflictividad escala – coloca precisamente a esxs funcionarixs del Ministerio de Des Arroyo Social en el penoso rol de poner constantemente palos en la rueda a la ayuda social reclamada por los sectores más rebeldes del arco popular, los cuales, guste o no al oficialismo, también responden por un sinnúmero de compatriotas económicamente hechxs mierda. Nada hace suponer, además, que en un país empobrecido como el nuestro, el panorama de la post pandemia no vaya a ser el de una mayor contracción de la economía.

De manera que, aun suponiendo que las organizaciones sociales oficialistas se mantuvieran apegadas al espíritu transformador con que nacieron, a la luz de este recesivo y afligente panorama agravado por la peste, el rumbo adoptado parecería ir a contrapelo de la crisis global de las democracias formales y el creciente malestar de los pueblos, cuyas posibles consecuencias – no precisamente electorales – ya han sido vaticinadas por el FMI, con cuyo oscuro pronóstico coincide ahora el de la inteligencia norteamericana.

En efecto, la CIA acaba de trazar un panorama sombrío para la región como consecuencia de “las profundas recesiones económicas” que dejará la pandemia. Un sustrato que acelerará el actual clima de polarización política y violencia social.

El diagnóstico está contenido en la Evaluación Anual de Amenazas de 27 páginas, que a nivel global describe una serie de desafíos que el planeta enfrentará durante el próximo año, yendo desde la avanzada de China por el poder global, acciones desestabilizadoras de Rusia, Irán y Corea del Norte, amenazas cibernéticas, y el ya señalado impacto económico, social y político de la pandemia Covid-19.

Según el reciente informe, Nuestra América “casi con certeza” verá puntos calientes de volatilidad durante el próximo año, en un marco de clima político polarizado, elecciones impugnadas, y protestas violentas.

En consecuencia, será responsabilidad de la militancia en pleno tomar nota de la percepción del antagonista de proyecto histórico, y meditar sobre el saldo social que deja seguir apostando por el mal menor.

Fuente: La Gomera de David