Lo que no tiene nombre

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13, Noviembre 2020

Lo que no tiene nombre

Por Raúl Ernesto Jiménez
El contraalmirante Enrique López Mazzeo reconoció que desde el 5 de diciembre de 2017 el Gobierno de X sabía en qué posición se encontraba el navío siniestrado con sus 44 tripulantes. Lo hizo ante la Cámara de Apelaciones de Comodoro Rivadavia.
Eso significa que, a 20 días de su desaparición, la Armada, Aguad y X conocían la ubicación del submarino, pero se callaron la boca.
(X es el presidente que horas más tarde de haber anunciado el hallazgo del submarino en el fondo del mar, haber decretado tres días de duelo nacional y haber dicho frente a los familiares de los 44 submarinistas que “era el día más triste”, a la noche fue a bailar, al ritmo de Tina Stoessel, al casco de una Estancia en Luján, a propósito del festejo de los noventa años de Disney).
La causa del ocultamiento tenía como objetivo desfigurar los hechos para evitar en el futuro la riesgosa incomodidad de sentarse como imputados frente a la justicia.
El martes, el fiscal ante la Cámara Federal de Apelaciones, Norberto Bellver adhirió al pedido de indagatoria para X, para el ex ministro de defensa y para el ex jefe de la Armada, al considerar que todos ellos tienen responsabilidad en el hundimiento del ARA San Juan.
(X es quién justificó la infructuosa búsqueda del ARA San Juan afirmando en enero del dieciocho que “El océano es inmenso y el submarino pequeño”).
Si el repaso de una tragedia es siempre doloroso, lo es mucho más cuando se sabe que esa tragedia pudo haberse evitado.
Sin soplar y sin repetir algunos de los motivos: la falla que determinó finalmente la implosión ya había sido denunciada por el Comandante Pedro Fernández. Nada.
La embarcación no tenía pirotecnia para pedir auxilio. Nada.
La radio baliza no estaba certificada. Nada.
El ARA San Juan no podía navegar más allá de 100 metros de profundidad. Pero en la misión que terminó en el hundimiento llegó a los 900 metros.
Cuando asumieron, X, Aguad y el jefe de la Armada sabían lo que había que hacer con el submarino. Pero no lo hicieron.
(En realidad X es el que pagó siete millones y medio de dólares a una empresa para que busque el ARA San Juan que él ya sabía dónde estaba.
Es el que nunca creyó ni en la soberanía ni en su defensa. Fue el que dijo. “Las islas Malvinas serían un fuerte gasto adicional para nuestra economía”).
Algo más. Si no hubiera existido el hundimiento y la certeza por parte de las autoridades políticas y militares de su responsabilidad en la tragedia, tampoco hubiera existido el perverso espionaje contra los familiares de las víctimas.
No quiero olvidarme. El 17 de mayo de 2019 el ex ministro Aguad dijo a la prensa que el siniestro había sido culpa de los submarinistas.
El cinismo del partido de X, parece no tener límites.
Esta semana, Patricia Bulrich utilizó pasajes de la Senadora Machado para viajar a Córdoba para encabezar una diminuta convocatoria en contra de coso.
Una vez que la prensa dio a conocer que la presidenta del Pro había utilizado para ella y dos de sus colaboradores tikets pagados con el dinero público para una actividad partidaria, se disculpó diciendo: “Son esas cosas que uno no sabe cómo suceden”.
El argumento recauchutado parecería extenderse como plaga para justificar lo imposible.
La fuga, la deuda, los negocios o el silencioso abandono de compatriotas en el fondo del mar, son cosas, Patricia, que se sabe hace mucho cómo y porque suceden.
Ahora sí, bienvenidos.
Ilustración: Enzo Rodríguez Suárez 
Fuente: El Discreto Encanto de los Galenos