Los corazones de Facebook

Publicada en Publicada en locales, noticia destacada 1, opinion, Pensamiento crítico

05, Junio 2020

Los corazones de Facebook

Por Pablo Callejón*

Por un momento aceptemos el desafío. Dejamos de lado los apuntes y datos oficiales. Ya habrá tiempo para eso. Recordemos primero aquel viernes en que jubilados y jubiladas hicieron colas frente a los bancos porque desde hacía semanas no tenían dinero para vivir. En esos mismos espacios estaban las madres sentadas con sus hijos e hijas sobre las veredas, a la espera de cobrar la asignación. ¿Las recuerdan? Algunos les acercaban un café y las más afortunadas se sentaban sobre una silla de plástico negro. Otras, apoyaban sus espaldas contra el paredón de locales vacíos, con los brazos cansados de cargar al niño o la niña que no pudieron dejar solo en casa. Si nos hubiera tocado a nosotros, a lo mejor no la bancábamos tanto. Los viejos y las mujeres pobres ya pasaban por esa espera mucho antes de la pandemia y de la mala decisión de un director de ANSES que ya no está en su cargo.

En dos supermercados de la ciudad, a quienes recibían la tarjeta con los mil pesos que aporta el municipio los obligaban a hacer la cola aparte. El fundamento era una organización administrativa y de control. Cada 21 días, los afectados debían colocarse en la otra fila, la de los diferentes. Semanas después, cuando empezaron a pagar el IFE, algunas y algunos beneficiarios no tenían ni siquiera una cuenta bancaria. No sabían lo que era utilizar una tarjeta de débito para cobrar del 1 al 10 el sueldo. Nunca antes habían sido incluidos en los programas Alimentar o Social porque estaban en negro. Los privados y el Estado no sabían de ellos. Les resultará extraño, pero hay varios beneficiarios y beneficiarias que aún no cobraron ese ingreso extra. Algo les salió mal. Apretaron en forma errónea un botón, el maldito código no llegó jamás o simplemente dejaron incompleto el formulario de Anses. Quizás no estaban preparados para las normas burocráticas. Y fueron miles de riocuartenses los que hicieron cola frente al Correo porque no aparecían en los listados informáticos del Banco. Las empresas que pidieron el subsidio del Estado para enfrentar los sueldos y los que recibieron la ayuda por cajero automático, nunca aparecieron en la foto de la fila. Ni en esta pandemia, ni antes. Solo se pueden ver los pobres, los que están en negro, los de la otra fila.

Aguarde, todavía no saque los números ni le ponga fin a esta discusión. Ayúdeme a pensar. A mí también me está yendo peor que antes, pero tengo la comida caliente y pago los servicios por home banking. Me irrito si tengo que esperar demasiado en la cola del super y nunca me pidieron que cambie de fila. ¿Y sabe qué? El Estado me abonó la mitad del sueldo el mes pasado y probablemente vuelva a ocurrir lo mismo ahora. Pero nadie lo notará. No debo colocarme detrás de nadie, ni a la vista de todos.

Antes de ir por los números, una pregunta. ¿Advirtió que solo se juzga a las mujeres que “se embarazan por un plan” y nunca se interpela a los hombres? Podríamos suponer entonces que en su pobreza de todos los días, la madre en soledad se desprende disimuladamente de sus emociones maternales para convertirse en un ser capaz de especular sobre los 3 mil pesos que cobrará dentro de 9 meses. La respuesta solo surgiría por las otras. Ninguno de nosotros y nosotras se atrevería a consultar por qué nuestras madres decidieron quedar embarazadas y gestarnos. ¿Para qué hacerlo? ¿Vamos a interpelar sus decisiones? ¿Acaso son pobres?

Insisto, no es tiempo para números. Me permito solo el margen de la duda. Cada semana los partes oficiales hablan de los detenidos en pandemia. Salvo el caso del ciclista que dio el mal paso desde Chucul, temo suponer que los apresados por violar la cuarentena cargaban con otras sospechas. Hagamos un ejercicio. Recordemos si alguna vez vimos una requisa por la calle, en pleno centro, cuando pasábamos caminando o sobre el auto observamos que hurgaran la ropa y los documentos de alguien más que un pibe pobre. La suposición de que “algo habrán hecho y pretendían hacer”, tal vez nos pareció un argumento suficiente.

Los pobres a veces pasan y piden. No hacen fila, pero casi. Te venden bolsitas, pan casero o simplemente piden. Yo los veo trabajar y mucho por tareas que me agotarían a los 10 minutos. Pero si están en la fila, seguro “viven del plan”. Podrán comprobar que algún matemático de las redes sociales ya sacó las cuentas para advertirnos que ganan “más que nosotros” y tienen todo servido. Les dan un bolsón de verduras y fideos, van al Hospital gratis, no les cobran la cuota del colegio, reciben 3 mil pesos por niño o niña en la casa y hasta los vemos en esa cola donde les pagan a los pobres. Es verdad que los subsidios llegan a todos, incluso a dueños de empresas millonarias, pero los que llaman la atención son los de la fila. Es casi hipnótico.

No pidan números aún. Esperen, veamos un poco. Una mujer, madre de un varón y dos nenas, nos hace una apuesta por las redes sociales. Se llama Laura y nos ofrece a los que nunca hicimos la fila, mantener a nuestros hijos durante un mes con lo mismo que ella percibe. Y ojo que suma todo: los 9 mil pesos de la AUH y los 6 mil pesos de la tarjeta Alimentar. Incluso nos da el carnet del hospital, la libreta de la escuela pública y el bolsón que este mes vino con un kilo de carne. Todo. La mujer no dio precisiones sobre si especuló al momento de quedar embarazada. Del posteo podríamos suponer que quiere mucho a sus hijos y hace malabares para que nada les falte, aunque en su hogar angustie la escasez. Laura tampoco lo dijo, pero podría convocarnos en su desafío a vivir durante ese mes en viviendas precarizadas, con pisos de cemento y tierra, techos de nylon y habitaciones hacinadas, con la húmedad visible en las paredes sin revoque. Miles de pobres viven de ese modo en asentamientos y barrios vulnerables de Río Cuarto. Disculpen ustedes, quizás no tenga la información suficiente, pero creo que ninguno de ellos abandonó esos lugares solo por cobrar un plan del Estado.

Como Laura, Melina está indignada. Tiene tres hijos y creyó necesario manifestar por Facebook que no los tuvo para “ganar un plan”. ¿Por qué una mujer debería salir a explicarnos eso? El comentario aparecía detrás de otros muchos posteos que aseguraron “tener pruebas” de los “embarazos por planes”. La democratización de las redes sociales deviene en la posibilidad de decir lo que “uno piensa”, sin el condicionante social de ver el rostro de los juzgados.

Está bien, ya es tiempo de repasar algunos datos. Según un informe del ANSES, el 90 por ciento de quienes perciben la Asignación Universal son mujeres. Del total, el 51 por ciento tienen solo un hijo o hija y el 28,1 por ciento, dos. Es decir, 8 de cada 10 conviven en hogares de “familias tipo”. El Ministerio de Salud de la Nación advirtió, además, que en la Argentina el 55 por ciento de los embarazos no son planificados. Los datos fueron publicados por los diarios Clarín y La Nación en 2019, durante la gestión del ex presidente Mauricio Macri.
Las estadísticas vitales del Ministerio de Salud de la Nación revelaron que en el 2005, el 25% de los nacimientos anuales provenían de mujeres con nivel educativo bajo, mientras que, en 2018, última cifra disponible, esta cifra se redujo al 12%.

La AUH no es un plan, se trata de un programa de contención social del niño o niña que la madre cobra sin intermediarios. El 47 por ciento de las beneficiarias no solo está al cuidado de sus hijos e hijas (a veces en soledad) sino que además, trabaja de manera informal.
En medio de la pandemia, quienes reciben la AUH pueden reclamar también el Ingreso Familiar de Emergencia por 10 mil pesos. El beneficio difícilmente pudiera haber sido contemplado hace 9 meses en el “plan especulativo” para acelerar un embarazo.

La Asignación Universal por Hijo insume el 0,52 por ciento del Producto Bruto Interno de los Argentinos mientras que la deuda externa que sirvió para pagar más endeudamiento y sostener el desequilibrio financiero alcanza al 90 por ciento del PBI. Con los datos sobre la mesa, parece que los principales receptores de los fondos del Estado no son los que tienen que hacer la fila por un plan.

Hay quienes podrían suponer que las estadísticas no convencen, que la sensación es otra. Sería un impulso tan subjetivo como un posteo del celular. Frente a las creencias no importan las cifras, ni los hechos. Podrán ver ustedes que se multiplican los “Me Gusta” y “Compartidos” para refutar en repetidos preconceptos los números oficiales y análisis de expertos. Y es verdad, quizás son la mayoría. En estos tiempos de los Mesías del Like, sigan haciendo la fila. Nada parece competir con los corazones del Facebook.

*Periodista