Nadie va al trabajo a sufrir

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16 Septiembre, 2019

EDITORIAL

Nadie va al trabajo a sufrir

La violencia laboral se ha transformado en un grave fenómeno que desde hace años se encuentra en crecimiento en la Argentina. Se trata de una forma de abuso de poder que se ejerce sobre una o más personas, que busca el sometimiento, como así también, en muchas oportunidades, la renuncia a su puesto de trabajo.

Existen tres modalidades de violencia laboral: El acoso sexual, el acoso moral o psicológico y la agresión física.
e vive un tiempo de exasperante hostilidad hacia el trabajador y las organizaciones sindicales y territoriales que lo representan. Hay una suerte de clima anti-obrero, anti-cabecita negra, donde abundan las descalificaciones como “choriplaneros”, “negros vagos”, etcétera, dictadas por los prejuicios de clase y amplificadas por las redes del poder.

Esta situación no sólo se manifiesta a partir del discurso y la acción del Gobierno Nacional y algunas provincias y municipios, sino también en ámbitos laborales privados. Además, se visibiliza en determinados medios de comunicación que apelan con frecuencia a editorializar sobre la violencia de las manifestaciones obreras o de los movimientos sociales para denostar a los trabajadores que reclaman por sus derechos.

En etapas de profunda crisis económica y social, es posible verificar que en los ámbitos de trabajo -tanto estatales como privados- se aprovechan de este contexto para profundizar los casos de violencia laboral, una violencia que día a día aumenta de manera alarmante. Establecimientos laborales, que están colmados de agentes de policías, de seguridad privada y cámaras de vigilancia por todos lados operando como “el ojo del amo” como si los trabajadores fueran delincuentes, o como si los lugares de trabajo fueran cárceles; jefaturas y gerencias autoritarias que actúan como patrones de estancia, agresiones constantes, agravios permanentes, no asignación de tareas y ninguneo de los empleados que no son afines a sus políticas de subordinación son moneda corriente.

Es hora que las trabajadoras y los trabajadores se organicen para dar pelea y dejar de vivir atormentados durante la jornada laboral. Es urgente exigir la aprobación de los plexos normativos que detengan esta delicada situación tanto a nivel Nacional como Provincial y Municipal.