No les gusta ser indiferentes y no quieren serlo

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19, Enero, 2021

No les gusta ser indiferentes y no quieren serlo

Un grupo de jóvenes misioneros de nuestra ciudad colabora en el Barrio Las Quintas. Ellos se inspiran en su deseo de ayudar a quien más lo necesita, sin recibir nada a cambio. Además, este verano, decidieron misionar en el norte de nuestro país para charlar y compartir la vida.

Por Gabriel Saenz

El deseo de ayudar al otro, sin esperar nada a cambio, es lo que impulsa a este grupo de jóvenes. Todo se inició con la organización de retiros espirituales en el colegio San Buenaventura, hasta la intervención del fraile Walter hace cuatro años, quien hizo ver a los integrantes del grupo que se podía ayudar desde otra perspectiva.

Leonardo Bertucci, miembro del grupo de jóvenes misioneros, calificó la participación del fraile como positiva al asegurar que “nos hizo ver todo de otra forma, nos invitó a ayudar en barrios empobrecidos, ir a misionar, participar en encuentros franciscanos, conocer a otros franciscanos, lo cual es muy enriquecedor”.

Sus primeras participaciones fueron en el Barrio Las Quintas, en la Ciudad de Río Cuarto, contingente poblacional compuesto en su mayor parte por personas provenientes de Bolivia. Concurrían los días sábados para compartir una merienda, realizar actividades de recreación y hasta ayudarlos con sus necesidades.

El grupo de jóvenes armó camas para aquellos que lo necesitaban en el barrio. Esta actividad fue la base para otros proyectos como por ejemplo la venta de sillones construidos con pallets reciclados para lograr una fuente de ingreso para la gente del barrio.

Leonardo Bertucci entiende que es importante la necesidad del otro, que está ahí y que no se puede ser indiferentes con eso, es un camino de humanidad. “Lo hago porque la gente necesita, estamos en un mundo donde todos somos muy egoístas y es algo que quiero para mí vida”, agregó.

El joven catequista plantea que la sociedad nos impone metas materialistas o superficiales, como tener un título, casarse, tener casa propia y explica: “si para ser alguien, hay que tener un título universitario, yo quiero ser nadie, la vida no pasa por ahí, pasa por ser humano. Yo quiero vivir entre las personas que menos tienen; a mí nunca me falto nada, no quiero que me falte, pero sí deseo vivir de una manera más austera, más simple.”

Por su parte, otro miembro del equipo de jóvenes, Martina Gatica, describió que “el grupo tiene una perspectiva del amor como algo para celebrar y para compartir, tanto con la gente del mismo grupo como con los demás”. Dentro de las características de este equipo, detalló la bondad con el otro como una forma de ejemplo y remarcó que el amor es la ley primera.

“La sensación es gratificante, el corazón se llena, y es lo que uno busca; es un sentimiento que llena, es algo difícil de explicar. Por una tarde, podemos hacer que familias se olviden de la realidad que llevan, es una gran ayuda hacer que tengan una sonrisa”, afirmó.

A su vez la integrante agregó que “a la gente en situación de pobreza, hay que darles fe, esperanza de que hay una vida fuera de esa pobreza que viven. Muchos están desganados, vamos a acompañarlos y a sacarle una sonrisa”.

Misionar: Una experiencia para dimensionar las diferencias

El grupo riocuartense decidió ir a misionar al norte de Argentina, más precisamente a la provincia de Salta, cerca del límite con Bolivia, donde notaron la falta de educación y de salud por sobre todas las cosas.

“En Aguaray noto una falta de oportunidades, tanto de estudio, como de trabajo, ahí la gente no puede crecer, se tienen que ir a Tartagal, a 30km de la ciudad. La situación económica no acompaña. En cuanto a la salud es muy limitada, el hospital es de tipo 2, no hay terapia intensiva, ni nada, desde ahí se deriva a Tartagal, que también tiene un hospital muy precario”, detalló Bertucci.

Para el joven misionero “cualquier experiencia habla más de Dios que cualquier discurso nuestro. Charlar y compartir la vida, de eso se trata. Creemos más en la experiencia que un testimonio nuestro”.

Martina a partir de su experiencia explicó que “entre sí las personas se ayudan para que todos puedan comer ya que nadie los ayuda, nadie que sea ajeno a ellos los ayuda. Es una situación muy fuerte, es como si estuvieras a carne viva, todo lo que pasaba afectaba el triple.”

La joven integrante notó un agradecimiento por su ayuda, pero reafirmó: “no vamos a buscar el agradecimiento. Buscamos dar, sin esperar nada a cambio. Terminamos nosotros agradeciendo a ellos por dar lo poco que tienen, son muy bondadosos, nos esperan con los brazos abiertos”.