Potrero, revolución y exilio

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26 Mayo, 2019

FERENC PUSKAS, EL MEJOR GOLEADOR

Potrero, revolución y exilio

Alguna vez hace ya tiempo Hungría dominaba el fútbol mundial, de la mano de un tipo que significaba mucho más que fútbol.

Por Javier Albarracín

Haber nacido en Europa allá por 1927, en pleno período de entre guerras, probablemente no auguraría un futuro prometedor, mucho más si tu niñez y adolescencia serían en ruinas, jugando en los potreros que había dejado la destrucción, mucho más si tu país quedaría del ¨otro lado¨ de la Cortina de Hierro y donde tener un mundo soviético se hacía difícil.

Esta es la historia de una generación de futbolistas húngaros que dominaron el escenario mundial encabezados por Ferenck Puskas, uno de los grandes de verdad, multicampeón con el Real Madrid de Don Alfredo Distefano. Hoy Puskas desde finales de 2006, está sepultado con todos los honores en la Basílica de San Esteban (Catedral de Budapest) ciudad que tiene también la Sinagoga más grande de Europa.

Los húngaros, son magiares, una etnia diferente que se da sólo en su frontera, no son latinos, no son eslavos, no tiene lenguas romances, ni mucho menos son caucásicos. Fueron un Imperio y hoy quedaron en el centro de Europa con algunas penurias y postergaciones económicas.

El 19 de Marzo de 1944, las tropas alemanas ocuparon Hungría por primera vez y se prepararon para enfrentarse al ejército rojo, que avanzaba desde el este. En el mientras tanto, Puskas y compañía, con apenas 17 años, se debatían en esa vida intensa de una Europa desolada por la guerra y por un futuro, Guerra Fría mediante, que no podía ser esperanzador. Así y todo el humilde Kispest era su equipo y deslumbraba ante las grandes potencias del país como el mítico Ferencvaros (históricamente el equipo más popular de Hungria). La riqueza futbolística y la elite mundial, se daba en el centro de Europa, decir Austria (con Matthias Sindelar, de desaparición en circunstancias dudosas) o Checoslovaquia (con el genio de Masopoust) ni hablar Hungría, despuntaban como potencias, nada de Alemania en ruinas y a futuro separada, de España con el franquismo en ciernes o de Italia, bicampeona mundial en 1934 y 1938 o de Francia, hoy potencias todas, pero que en aquellos años sólo eran un nombre. Si podríamos destacar la riqueza futbolística de los británicos que se mantuvieron intactos casi y soportando una dosis menor de destrucción.

Cuenta Puskas en el libro de Rogan Taylor y Klara Jamrich Puskas sobre Puskas: “Salimos de los sótanos en los que nos habíamos escondido durante la batalla para liberar la ciudad y nos fuimos corriendo al campo de fútbol. Al poco aparecieron unos soldados rusos que querían echar un partido. Eran buenos y disfrutaron mucho. Al día siguiente nos trajeron harina, pero a pesar de que nos hicimos amigos, no nos atrevíamos a salir después de oscurecer. Era demasiado peligroso”.

Esa era la vida en aquellos tiempos, con el paso del mismo, Puskas que ya era una figura muy pretendida político y deportivamente, pasa a jugar en el Honved, equipo dependiente del Ejército Húngaro (algo similar sucedía en la URSS con el CSKA y el Dinamo de Moscú, dependientes del Ejército y la Policía). Allí comenzaría una época dorada, multicampeones en su país, la mayoría de futbolistas integraban la selección nacional. Más tarde serian reconocidos como Magiares Mágicos, ganado el oro en Helsinski 52 y teniendo el ilustre récord de ser el primer equipo en batir a Inglaterra en Wembley (con un inolvidable 6 a 3) además de ser al año siguiente subcampeón del mundo en el mundial de Suiza, cuando inexplicablemente en la final, tras ganar 2 a 0, termina perdiendo 3 a 2 frente a Alemania Federal y la figura de Fritz Walter. Para una generación de jóvenes alemanes que luego se coronarían 20 años más adelante en su propio país, fue la primera gran alegría popular y una inyección de fútbol que perdura hasta el día de hoy. Fue ese mundial la gran espada de Damocles para los húngaros, todavía se lo recuerda por el gran caudal goleador, no hubo hasta el momento un equipo con un promedio de gol superior en campeonatos mundiales. Quedó para siempre como un campeón sin corona, vaya comparación con Holanda de 1974, la Naranja Mecánica que sufrió también al mismo enemigo, Alemania Federal.

La historia no sería del todo feliz para Puskas, 1956 significaría un año difícil para Hungría, seria la Revolución de Octubre, el país quería salir del yugo soviético. Un grupo de estudiantes lo intentó parando el país, pero lo peor llegaría al instante mismo. Nikita Kruschev no permitiría que un país de su dominio se fuera, ¿acaso Checoslovoaquia, Polonia, los Bálticos no intentarían lo mismo? Lo cierto es que el Premier Soviético mandó sus tanque que cruzaron el Danubio y la matanza fue inevitable. Cifras oficiales hablan de 2500 soldados muertos, 3 mil civiles, 21 mil arrestados en campos de trabajo forzado, además de 200 mil refugiados que se vieron obligados a salir del país en un eterno exilio. Doce años después, en 1968 con la Primavera de Praga, los checoslovacos intentaron lo mismo, pero se volvieron a topar con la bota pesada soviética. Hoy en el centro de Budapest encontramos El Museo del Terror, en una vieja casona perteneciente a la policía se grafica magistralmente esa historia.

Nuestro personaje no fue ajeno a todo eso y en 1957 decide dejar el país, con 30 años y en un momento donde la carrera y el sobrepeso parecían ganar terreno, asomo el desafío que lo llevaría a la gloria futbolística. Real Madrid, el más grande de todos lo reclutaba para ser compañero de Di Stefano, Gento, Rial, Raymond Kopa y ser dueños de Europa por un lustro. Jugador de toda la cancha, capacidad goleadora, talento nato, rebeldía en estado puro, todo eso se conjugo en un momento de la vida deportiva que potenció su carrera y le dio aún más vida en la península ibérica. El autoexilio duraría más de 20 años, hasta principios de los ´80 no volvió a Hungría, disgustado por el orden político y añorando la tierra de sus padres, las comidas picantes, los embutidos típicos, los tilos de las grandes alamedas húngaras.

La vida futbolística como entrenador lo fue llevando por diversos sitios: Egipto, Chile (Colo Colo), Australia, Paraguay (Sol de América y Cerro Porteño). El 17 de noviembre de 2006 su corazón dijo basta y el paso a la inmortalidad del deporte rey era una obviedad.

Detrás de cada jugador como de cada persona, persiste una historia de vida interesante, es imposible no caer en el contexto político de Europa en esos años para dimensionar la vida de cada uno de ellos. Desde el Danubio, el Puente de Cadenas, ciudad romántica y poética, emergió un talento lleno de rebeldía y magia que hizo que el mundo de la redonda no lo olvide jamás.