Razón de vivir

Publicada en Publicada en derecho a la comunicación, noticia del dia, noticia destacada 2, opinion, Provinciales

06, Noviembre 2020

Razón de vivir

Por Raúl Ernesto Jiménez
Una semana después de que la correligionaria Patricia De Ferraris fuera suspendida por seis meses a raíz de sus declaraciones vinculadas con los falcon verdes, los usurpadores del legado de Alem e Irigoyen, proponen un “homenaje” a quién dijo, a propósito de las medidas de distanciamiento social, “que vivimos en una dictadura. Que ni Pinochet hacía eso, pobrecito Pinochet”. El mismo que a fines de los 80 había entrevistado de modo complaciente a Luciano Benjamín Menéndez tratándolo como “Mi general”.
A los radicales les pasa lo que al “Dipy” y a Juana Viale. No tienen remedio.
Otro al que no le encuentran la medicación adecuada es a Macri. Kid Reposera volvió a repetir que “el peronismo es el partido de los que no trabajan”.
El presidente que, en la historia, fue el que más días de vacaciones se tomó (ciento cuarenta) y que finalizó su mandato con veinticuatro mil quinientos pymes menos que en 2015, representa un poder acostumbrado a instalar sus intereses como si fueran una necesidad básica de todes y no una exclusiva necesidad de ese poder y su representación mediática.
Es por eso que, si el dólar ilegal baja veinticinco pesos en una semana, esa noticia no aparecerá en la portada de ninguno los diarios de “la triple alianza” porque al poder lo que le conviene es la devaluación. Y ese descenso de la moneda norteamericana entorpece sus planes.
Algo similar sucedió con el anuncio de la compra de la vacuna Rusa Sputnik.
Como parece que la proximidad de esta vacuna generaría una esperanza que fortalecería al gobierno, y como este entusiasmo popular dificultaría la tarea de desestabilizarlo, la tarea del poder será oponerse, cueste lo que cueste.
Entonces aparece la misma mononeural que antes tomaba cloro frente a las cámaras para combatir el virus promoviendo ahora el hashtag “yo no me vacuno”.
En bandada, comunicadores de allá y de acá, con la misma destreza intelectual y la misma retórica del hermano de Susana o del hijo de Caniggia, discuten el prestigio del Instituto Gamaleya, hacen dibujitos de Picachu explicando que es un adenovirus, cuestionan la fase tres y concluyen dudando si están frente a una ensalada rusa, una montaña rusa o una ruleta rusa porque a último momento se les corrió la tinta del machete que distribuyó TN.
Horacio, mi vecino, le da a la ranitidina y a los antibióticos con la misma precaución que cuando consume el sugus de ananá. Es decir, ninguna. Desde que escuchó las sesudas dudas de Leuco y Morales Solá, se desespera buscando en wilkipedia el prospecto de “la Sputnik”. En realidad, el temor de mi vecino es que la vacuna “tovarich”, como diría el maestro Borda, lo convenza de que la patria es el otro.
Muchos de los que desde los medios desalentaban la cuarentena, ahora, como si fueran el anticristo de Albert Sabin, advierten sobre la inseguridad y el riesgo de vacunarse.
Ahora los responsables de la desaparición del Ministerio de Salud, del vencimiento de doce millones de dosis de vacunas para prevenir el sarampión y el abandono de cuatro millones de dosis (triple y antigripal) encontradas en un frigorífico del gran Buenos Aires opinan como si nada.
Sin embargo, ninguno de los parlanchineros de los medios hegemónicos ha dicho que un hospital de Israel, compró un millón y medio de dosis de la vacuna rusa.
La “nueva normalidad” encontrará a los buenos mejores. Y más canallas al resto. No habrá sorpresas. No habrá milagros.
Hasta entonces continuaremos alentando la esperanza aun cuando cada tanto desaparezca en los pliegues de la impotencia.
Y nunca vamos a festejar la muerte. Pero elegiremos por quién llorar.
Ahora sí, bienvenidos.
Fuente: El Discreto Encanto de Los Galenos