Se nos fue un poco de calor humano

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13 mayo, 2020

Se nos fue un poco de calor humano

Fue nuestro padre local de la vuelta de la democracia. El que levanto a Raúl Roque Bianco en la inolvidable noche del Anfiteatro a mediados del 84 ante el Gato Olivera, el que acompañó a Estudiantes que surcaba la bandera del fútbol de Rio Cuarto en el primer lustro de los 80, el que le daba una mano al hombre de a pie que contaba las monedas de canto bronce en el 83 para un remedio o una garrafa
Ese era Miguel Angel Abella, un peronista confundido de comité como era la chicana de la jotapé de la época, un radical de pura cepa en los años en los que el radicalismo no se imaginaba las alianzas que penetraron en su nido
Nacido en octubre de 1944, hijo de Miguel y Maria Amelia, el compañero de Mónica, fervoroso papá de de Lisandro, Mercedes y Miguel, hermano de la queridísima Susú.
Militante radical histórico también su presencia se extendió en Asociación Atlética Estudiantes, el Colegio de abogados, fue vocal del Cecis y cuanta institución le pidiera una mano, una palabra de aliento
Fue el intendente de la vuelta de la democracia con 39 años, estuvo en la histórica plaza de los nenes de papa del 11 de noviembre de 1986, pero también fue el intendente de las 3700 viviendas, los talleres culturales, las obras de cloacas y la acertada política vecinal.
Con Abella se nos va un pedacito de jirones de la vuelta de la democracia, una buena porción de la esperanza democrática y un modo de hacer política lejos del marketing que nos inunda de políticos apoltronados en sus escritorios y lejos del barro.
En los últimos años diferentes etapas lo tuvo como legislador pero siempre con el oído atento a lo que pasaba en derredor.
Se nos pianta un lagrimón, en las eras líquidas ya no existen más el contacto interpersonal que te da una mano para la garrafa o un remedio.
Se fue Abella, y con él un poco de calor humano.