Soledad Barruti: El acuerdo para exportar cerdos a China es “un caldo de cultivo de posibles pandemias”

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25, Julio 2020

Soledad Barruti: El acuerdo para exportar cerdos a China es “un caldo de cultivo de posibles pandemias”

En diálogo con La tinta, la periodista Soledad Barruti advierte sobre un acuerdo que se pretende firmar para que Argentina comience a exportar cerdos al país asiático, lo que implicaría pasar de la producción actual de 6 o 7 millones de cerdos a 100 millones. Las consecuencias que tendría un cambio de esta magnitud van desde la pérdida de soberanía alimentaria hasta los riesgos de incubar nuevos virus que implican las granjas industriales, un problema que China ya sufre en su propio territorio. 

Por Lucía Maina 

Días atrás, un comunicado oficial de la Cancillería Argentina, a cargo de Felipe Solá, informó que el país avanza en una “asociación estratégica” con China para producir 9 millones de toneladas de carne porcina, lo que “le daría a China absoluta seguridad de abastecimiento durante muchos años”. Señaló, además, que “ya llegaron a un acuerdo sobre este proyecto la Asociación China para la Promoción Industrial y la Asociación Argentina de Productores Porcinos”.

Mientras la COVID-19 está generando consecuencias profundas e inesperadas en millones de personas a nivel mundial, el gobierno argentino avanza en un acuerdo para profundizar el modelo agroindustrial que propicia la aparición de nuevas pandemias: la cría industrial y exportación de cerdos a China. En ese marco, entrevistamos a Soledad Barruti, periodista especializada en la industria alimentaria y autora de libros como “Malcomidos” y “Mala Leche”, quien, junto a diversxs investigadores y especialistas, publicó, días atrás, un comunicado en rechazo a este proyecto, que ya suma cientos de adhesiones.

Barruti explica que, justamente, China ha visto muy disminuida su producción de cerdos porque ya sufre el impacto de la gripe porcina, virus que no sólo afecta a los animales, sino que puede volverse peligroso para los humanos. Además, señala que, por su magnitud e impacto ambiental, este acuerdo es comparable con la aprobación de la soja transgénica en nuestro país, impulsada en 1996 por el mismo funcionario: Felipe Solá.

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(Imagen: France24)

—¿En qué consiste el acuerdo que nuestro país está por firmar con China para la producción de cerdos? ¿En qué instancia se encuentra esa negociación?

De este acuerdo, se sabe muy poco. Aparecieron testimonios y hasta comunicados de las empresas privadas que se van a ver beneficiadas con él, y de Cancillería salieron a decir que estaban propiciando este acuerdo. Pero el acuerdo como tal sería entre privados, entre la agrupación de productores de cerdos y sus pares en China. Se desconoce todavía la letra chica, que seguramente se está debatiendo ahora. Por ahora, existe esa intención y, si fuese un acuerdo gubernamental, debería pasar por el Congreso. Lo que se sabe es que China tiene un problema muy grande con pestes que afectan a su producción y necesita mudar sus granjas para no quedarse sin esa carne que consumen, y que ven en nuestro país un espacio muy atractivo para que eso ocurra.

—¿Cómo es la cría industrial de cerdos actualmente en China y en nuestro país? ¿En qué condiciones se crían los cerdos en esas granjas?

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(Imagen: AgroCLM)

La granjas industriales son lugares donde a los animales se los piensa como cosas que dan carne, objetos que tienen que ocupar el menor espacio posible para exportar lo más rápido posible. Entonces, se fuerza a esos cuerpos para que vivan hacinados y engorden.

También la reproducción se da de una manera maquinal: las madres son las que más importan en el sistema productivo, que son las que dan esos lechones y van renovando el stock de cerdos que se consumen. Estas cerdas viven en jaulas o paradas en espacios que no ocupen más que el tamaño de sus cuerpos, o acostadas para amamantar, y viven así unos 3, 4 años hasta que terminan en el matadero. Cuando paren, esos cerdos van a terminar en un galpón para vivir hacinados y comiendo sin parar.

Es tal el estrés que les provoca eso que van a empezar a suceder cosas, entre ellas, el canibalismo y, para evitarlo, se les extraen los colmillos, se les corta la cola, en algunos casos, se les da ansiolíticos y siempre se les da antibióticos y antivirales, porque, al vivir bajo esas condiciones de estrés y tortura, son propensos a enfermedades. Estos remedios son un peligro enorme para la salud pública humana, no sólo animal, porque son los remedios que usamos nosotros, y al ser usados de forma crónica en estos lugares, luego, dejan de tener efectos para nosotros.


“Todo es un caldo de cultivo del horror, desde la crueldad hasta la toxicidad que generan todos esos animales juntos, con todos su desechos y fluidos pasando a piletones que contaminan aire, agua y tierra de los lugares circundantes. Además, es un caldo de cultivo de posibles pandemias desde el momento en que jugamos manipulando la microbiología con esos antivirales, antibióticos y esas condiciones de vida”.


—¿Por qué China recurre a nuestro país para la producción porcina que antes realizaba en su territorio? 

Porque China está aquejada por dos plagas gravísimas: una de ellas es la peste porcina africana, que llegó a matar 250 millones de cerdos, y la otra es la gripe porcina, que la Organización Mundial de la Salud anunció hace un mes que tiene potencial de mutar y volverse peligrosa para los humanos. La primera solamente aqueja a los cerdos hasta ahora, la segunda ya está por aquejar a los humanos. Igualmente, las dos pueden saltar a los humanos y volverse una enfermedad similar a la que tenemos ahora, un virus nuevo con el que tenemos que convivir, que nos pone en peligro, nos encierra y con el cual no sabemos qué hacer. Esta gripe empieza siempre entre los trabajadores, en pueblos rurales donde se venden animales vivos, donde las personas están más en estrecho contacto y viven con los desastres que generan estas formas productivas.

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(Imagen: Diario Médico)

—¿Qué consecuencias podría traer este gran aumento de la producción de cerdos para el ambiente y la salud en Argentina? ¿Cómo afectaría nuestra soberanía alimentaria? 

En la salud, ese problema que le está pasando a China lo estamos comprando, con los mismos peligros y posibilidades. En la soberanía alimentaria, no estamos produciendo comida para nosotros, estamos produciendo dólares, que tampoco nos quedan a nosotros, sino a los productores porcinos que, después, contratarán gente. Se supone que esa es una forma de progreso para ciertas personas que piensan la economía de una manera muy cortoplacista, pero soberanía alimentaria no va a generar.


“Más daños ambientales de los que ya provoca el agronegocio normalmente, con lo que te decía que provocan las granjas industriales de cerdo: hoy, son 6, 7 millones de cerdos en el país, imaginate pasar a 100 millones. Es una locura”.


Rehumanizar el campo

¿Qué tiene en común este acuerdo con la aprobación de la soja transgénica en 1996?

Lo que tienen en común es esta idea de plantear un buen negocio en base a un experimento. Van a experimentar qué pasa en Argentina cuando se ponen esos millones de animales; ¿puede llegar a producirse una peste? Y, por supuesto, el mismo funcionario en el lugar clave de las negociaciones, Felipe Solá, que es una persona que es del campo, que tiene muchos vínculos con el agronegocio y que siempre encuentra la oportunidad de hacer crecer al agronegocio como funcionario público. La diferencia radical es que la sociedad ahora está más despierta que nunca, que somos mucho más conscientes de las consecuencias que generan los desastres en la naturaleza y estamos más dispuestos a decir que no. Nadie que se entera de esto lo quiere, solamente si sos parte del negocio te parece que esto está bien.

—¿Qué deberíamos hacer como sociedad para evitar que este nuevo acuerdo nos lleve a la destrucción sanitaria y ambiental al que nos llevó el ingreso de la soja transgénica? 

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(Imagen: Ignacio Sánchez)

Primero, tenemos que visibilizar esto, que la voz de la ciudadanía, la voz en contra, se haga escuchar. Siempre se escucha una sola campana, la de los negocios, y hay muchas personas que no queremos que esto suceda, y este es nuestro país, son nuestros bienes comunes, es la naturaleza y estamos defendiendo que el mundo no sea tan horrible. Hay que hacer que esa voz se escuche. Hay una carta que estamos haciendo circular y la propuesta es entregársela en mano a Felipe Solá, ahora voy a escribirle para que me reciba. También hay que ver si hay instancias en el Congreso, para que esto no quede en un acuerdo entre particulares. Y en todo caso, hay que generar acciones colectivas para impedirlo.

—Una de las principales justificaciones que dan los gobiernos es que estas políticas extractivistas son la única salida a la crisis económica en nuestro país, que hoy se ve profundizada por la pandemia. ¿Qué responderías desde tu conocimiento del tema a este argumento?

Es profundizar el problema creyendo que ahí va aparecer la solución. Hasta ahora, el agronegocio no nos sacó de ningún problema, todo lo contrario, nos ha metido cada vez en más y más problemas. Entonces, tenemos que pensar que somos una sociedad creativa que tiene el conocimiento y la capacidad para producir alimentos sanos para todos, que inclusive podrían exportarse, que tenemos las tierras para multiplicar la biodiversidad y no para anularla. Y ante todo eso, existen propuestas importantes e interesantes hechas desde el corazón del ámbito científico que no trabaja para las empresas, sino que trabaja para el bien común, pensando en la salud colectiva y en vida de la naturaleza.

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(Imagen: Pulso Social)

—Otro de los acuerdos que resuena en los últimos días es un plan para avanzar en incorporar “AgTech”, el nuevo paquete tecnológico del sector del agronegocio, en el sistema agroalimentario argentino, propuesta vinculada a la fundación de Bill Gates. ¿Qué implicaría el avance de estas nuevas tecnologías aplicadas al campo?

Mientras se siga pensando al campo como un problema que requiere de una solución tecnológica, vamos a tener cada vez más problemas. Va a aparecer Bill Gates, Syngenta, los árabes… va a aparecer cualquiera con ese tipo de solución.

Todos estos avances siempre apuntan a lo mismo: cómo hacer para aislar a la naturaleza de sí misma. Le estamos declarando una guerra a la naturaleza y nosotros estamos en medio de los bombardeos: es una guerra que estalla en nuestros cuerpos, en el aire que respiramos, en la naturaleza de la que somos parte. Lo que proponemos la mayoría de las personas que estamos en contra de eso y que trabajamos por divulgar la agroecología como camino idóneo al que aspirar es que terminemos con esta guerra, que vayamos por un camino de paz y de riqueza de la vida, y no de exterminación.


“El campo no requiere solución tecnológica, el campo requiere una rehumanización, requiere volver los saberes de la tierra a la tierra, requiere biología, conocimientos para aumentar la biodiversidad y no para ver cómo se la masacra”.


—¿Creés que esta pandemia y lo que demuestra sobre los efectos del modelo agroindustrial pueden abrir la posibilidad de una nueva normalidad que se aleje de esta forma de producción?

Creo que sí, que las personas cada vez estamos más atentas a eso. Y creo que es la única alternativa, no nos queda otra.

Imagen de portada: El Confidencial

Fuente: www.latinta.com.ar