Una historia detrás de otra historia

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4 Diciembre, 2019

FÚTBOL BARRIAL

Una historia detrás de otra historia

José Veas es uno de los referentes del Merendero Más que Ángel, en barrio Obrero. Un viaje a Carlos Paz, para jugar un torneo internacional de fútbol con los niños que él entrena, es la excusa para charlar sobre deporte y los valores que promueve en procesos de socialización e inclusión.

Por Pablo Amiot Gaspio

Fotos Daniel Ramonell

Una historia nos permite conocer y abordar otra historia. Un suceso periodístico es el puntapié para contar una situación de fondo: cómo es el trabajo que llevan adelante José Veas y su compañera de vida, Laura, en el Merendero Más que Ángel, que funciona en barrio Obrero.

La muy buena noticia inicial cuenta que un grupo de niños que asisten a la institución participará en la Copa “Pasión de Multitudes” de fútbol, que organiza la empresa Babel Viajes en la turística ciudad de Carlos Paz.

El certamen es de carácter internacional, se llevará a cabo en las instalaciones del Carlos Paz Rugby Club y comenzará este viernes.

Todo venía “sobre ruedas” hasta el último fin de semana pero un problema en los móviles que iban a trasladar a los niños sembraron incertidumbre al objetivo de plasmar un sueño para los pibes del barrio.

La esquina de las Sarratea y Salta se presentan como la sede del Merendero. En frente, un gran terreno verde en el que conviven una cancha de fútbol y una cancha de hockey. Es entre esos arcos donde más de una treintena de niñas y niños –de entre 4 y 14 años- patean la pelota de la mano de José Veas, quien tiene claro que el deporte se transforme en una fuerte herramienta de inclusión y socialización en sectores vulnerables. “Buscamos inculcarle valores a los niños para que puedan tener un buen comportamiento y un futuro”, afirma uno de los referentes del sector.

Prontamente baja de su moto con los insumos para el té de la tarde. Se toma unos minutos para charlar con su compañera, mientras se abraza y bromea con cada uno de los pibes y las pibas que van llegando al lugar.

Es la hora 18, hora del té y merienda. Momento que antecede al rato de esparcimiento futbolero en la cancha. Entonces las bicis van copando el lugar, los guardapolvos colman la escena y las rodajas de pan con mermelada van de mano en mano entre el piberío. En ese contexto nace la charla.

Cómo surge la idea del certamen

“Hace tres meses fuimos invitados para este torneo. Vi la publicación a través de Facebook, pregunté, nos invitaron y nos facilitaron muchas cosas para poder llegar”, explica Veas y sigue: “Veníamos haciendo encuentros barriales y veíamos que los chicos se divertían mucho. Y un día me planteé buscar algo diferente para los niños, más allá de los encuentros barriales y apareció este torneo”.

“Es un torneo costoso, no lo vimos imposible, conocemos la ciudad de Río Cuarto y sabemos que es muy solidaria y apoya mucho. Y decidimos encararlo”, añade.

Como se citó anteriormente, la logística del viaje venía tal cual lo planificado después de reunir dinero a partir de diferentes métodos de autogestión: venta de distintas comidas y de viajes provistos por la empresa organizadora del torneo. Pero inconvenientes con el transporte alejan por un rato las muecas de alegría de José, un panadero de 28 años que trabaja de noche y se aboca al trabajo barrial en el Merendero de día.

“La semana pasada teníamos todo listo, el torneo pago y los vehículos para viajar. Y durante el último fin de semana se complicó porque se rompieron los vehículos y otra persona no puede viajar por cuestiones personales. Así que la complicación que tenemos ahora es el transporte hasta el lugar”, cuenta y agrega: “Hablamos primero en Centro 11 (Deportes Río Cuarto) y no hemos tenido mucha respuesta, así que nos dirigimos directamente al Palacio Municipal y nos dijeron que están tratando de darnos la mayor mano posible porque estamos sobre la hora”.

Por estas horas, el Municipio habría ofrecido una alternativa que permitiría realizar el viaje pero lejos está de lo que José y Laura esperaban, teniendo en cuenta el rol que el Estado debería asumir ante este tipo de situaciones.

El inconveniente y la prontitud del evento generaron la necesidad de emprender nuevas gestiones, que el propio Veas reconoce: “También estuvimos con la gente de la Universidad (Nacional de Río Cuarto) y el club (Asociación Atlética) Estudiantes nos está ayudando a buscar contactos para conseguir un vehículo”.

“El viaje lo vamos a hacer como sea”, sincera Veas. A la espera de una pronta resolución, y más allá de los contratiempos, nada impedirá que los pibes se crucen con nenes de Rosario Central, Newell´s o Colón de Santa Fe, tres entidades de renombre que también dirán presente en el campeonato infantil que se realizará en la villa serrana.

La historia del Merendero

José Veas nació en Alta Gracia, vivió una infancia complicada y trabaja para que los niños y las niñas del barrio no corran la misma suerte. “Fui adicto a las drogas y el deporte me sacó de las cosas malas a través de la mano de Dios. Tratamos de que el niño no llegue a lo que yo pasé y de darles esa contención porque la droga y la delincuencia abundan”, argumenta.

El Merendero Más que Ángel funciona hace casi tres años, su nombre obedece a un pasaje bíblico y cuenta con el acompañamiento del Movimiento de Acción Popular (MAP) y la seccional local de la CTA Autónoma.

“Arrancamos con 15 niños. Yo era vendedor ambulante (bolas de fraile y pan casero) y veíamos que la gente empezaba a pedirnos si no nos había sobrado algo. Entonces surgió la idea de hacer una copa de leche dos veces a la semana y la situación (social y económica) nos llevó a hacerlo toda la semana”, recuerda sobre los inicios y añade: “Con el correr del tiempo aumentaron la cantidad de niños y las necesidades, y se acercó el MAP y CTA, que en ese tiempo tenía a Federico Giuliani como Secretario General. Él nos ofreció ayuda, la aceptamos y estamos trabajando con ellos”.

José y Laura son los referentes del Merendero y se distribuyen las tareas para conformar un buen equipo. “Mi señora trabaja más en la parte de la copa de leche y el comedor, y yo ayudo ahí. Yo trabajo más en el tema del deporte y la contención del niño, y ella me apoya en esa parte. Nos dividimos las tareas para hacer un buen trabajo”, explica.

El fútbol y los valores

El deporte, como instrumento, como herramienta, tiene la habilidad y la bondad de transformar realidades y forjar sueños. Y es en ese contexto en el que José Veas se mueve a la hora de elaborar su trabajo cotideano.

“Buscamos inculcarle valores al niño para que pueda tener un buen comportamiento y puedan tener un futuro”, recalca una vez más el protagonista y describe: “Primeramente (trabajamos en el) respeto a la gente mayor. Les enseñamos que no se debe contestar mal a una persona, que si se le puede reclamar o preguntar algo pero hablándole bien. Y el respeto también entre ellos y los nenes de otros barrios”.

“Vemos que el objetivo se va cumpliendo lentamente. Ojalá fuera todo más rápido pero creo que Dios va abriendo puertas”, anhela entre risas y –visiblemente emocionado- ejemplifica: “Ya tenemos dos chicos en clubes. Uno tenía el sueño de jugar en (Centro Cultural) Alberdi y tuvo esa oportunidad. Y tenemos otro nene en Renato Cesarini. Los padres siempre nos dicen que nosotros fuimos el impulso para los chicos y para ellos como padres también, por hacerles ver que al niño le gusta el deporte”.

El trabajo colectivo

Veas no solo habla de lo que realizan en Más que Ángel. También dedica palabras y reconoce la labor que desarrollan otras organizaciones que funcionan en el sector, y con las que conviven en los encuentro de fútbol barrial.

“Es bueno trabajar en conjunto con todas las copas de leche, sin importar otra cosa que no sea en la felicidad los niños”, define y argumenta: “Muchos piensan que el niño es el futuro pero, en realidad, el niño es el presente porque si vos a un árbol lo acompañas desde el principio sale derecho y no torcido”.

La mayoría de los pibes y las pibas ya terminaron la merienda y las pelotas empiezan a picar y revotar en la vereda. Algo más de veinte metros separan la sede del Merendero del terreno del juego donde los chicos hacen de las suyas.

Y entonces nos empezamos a despedir de José y la gente del barrio. “Los papás están contentos y agradecidos de lo que hacemos con los nenes, aunque hay muchos que nos dicen que estamos locos (risas). Había chicos que no sabían leer y hoy en día lo hacen, han mejorado notas en el colegio…”, sonríe mientras empieza a pensar lo que le genera ver a los nenes y las nenas correr atrás de la pelota. “Es una alegría, una felicidad que no tiene explicación. Ver a un niño sonreír cuando jugamos a la pelota es algo lindo que me pasa por dentro, porque yo no tuve esa posibilidad”, concluye.

José y Laura siguen de planificación. Mientras esperan la confirmación del móvil que los llevará a Carlos Paz andan a las corridas. Para asistir a los niños que llegan diariamente al Merendero y compartirles ese concepto tan fuerte como abstracto que es el afecto, materializado en abrazos y sonrisas.

Y el deporte juega una vez más su partida. Una pelota redonda se transforma en la gran protagonista y ella, entre los niños, se muestra agradecida. Por la posibilidad de contribuir al trabajo de José y Laura, que escriben una historia detrás de otra historia. Para tratar de transformar la realidad del piberío y para que no sean víctimas de la misma historia.